Nuestro viaje a Indonesia I

Redacción y sabiduría: Alice
Anotaciones y edición: Antonio

Nuestro viaje a Indonesia fue increíble y lo necesitábamos después del ritmo de vida que habíamos llevado durante el último año y medio. Como somos muy buenos organizando viajes, acabamos asumiendo también la organización de nuestra boda. Pero no una boda tradicional, sino una hecha a mano, en la que dedicamos todo nuestro tiempo libre a preparar no una, sino cuatro bodas temáticas con amigos y familia. Una auténtica locura logística que, ahora, nos parece mucho más sencilla el organizar un viaje.

Así que este viaje fue nuestra luna de miel. Y aunque nos habría encantado organizarlo todo por nuestra cuenta, era casi imposible asumir una tarea extra en ese momento. Por eso llegamos a un punto intermedio, una parte del viaje fue organizada y la otra la hicimos por libre, incorporando aquellas actividades que ninguna agencia ofrecía e incluso sacamos tiempo para hacer una boda más al estilo balinés. Un viaje que hemos recopilado aquí para contar detalle a detalle de este destino inolvidable.

Para disfrutar completamente el artículo recomendamos leerlo completo . Pero si no tienes tiempo o solo te interesa una sección, puedes ir directamente haciendo clic en su título 🖱️(nos caerás un poco peor, pero no pasa nada).

Día 1

Día 2

Día 3

Día 4

Día 5

Día 6

Día 7

Día 8

Día 9

Día 10

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Si estás organizando un viaje a Indonesia y te gustaría hacerlo igual o similar al nuestro, contáctanos y te ayudamos a organizarlo para que disfrutes al máximo del país de templos, bailes y ritos únicos en el mundo. Nosotros lo hicimos de forma organizada y la experiencia fue inmejorable. Te acompañamos en todo el proceso para que vivas una experiencia relajada y sin preocupaciones, olvidándote de horarios, transporte, entradas, comidas o de pasar horas comparando opciones.

Te dejamos aquí el resumen de nuestro Viaje a Indonesia en 21 días:

Día 1: Madrid – Qatar – Singapur – Yogyakarta
Día 2: Yogyakarta – Borobudur – Prambanan
Día 3: Bali
Día 4: Ubud
Día 5: Bedugul
Día 6: Kintamani y Terynyan
Día 7: Klungkung
Día 8: Karangasem y Gianyar
Día 9: Nusa Penisa
Día 10: Uluwatu
Día 11: Continuar leyendo la segunda parte de nuestro viaje

Madrid – Qatar – Singapur Yogyakarta – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 1

Nuestro viaje empezó a mediados de junio, aprovechando los 15 días de permiso por boda y sumando algunos días de vacaciones. Al llegar al aeropuerto nos informaron de que el vuelo no iba a salir a la hora esperada y que nos trasladaban a un hotel en la zona de Barajas para que, tan pronto nos volvieran a asignar un vuelo, nos recogieran para devolvernos al aeropuerto. Nos subimos a un bus con caras largas, maletas y rumbo a un hotel que, de cena, solo tenía como opción pasta con tomate. No empezó el viaje como esperábamos. Nos fuimos a dormir sin saber a qué hora nos tocaría volar la mañana siguiente y solo nos pidieron tener el móvil con sonido por si nos llamaban.

La mañana siguiente nos llegó un email con el vuelo asignado y con tres escalas hasta nuestro destino. Al ver esto guardamos todo lo que pudimos en las maletas de cabina y dejamos prácticamente vacías las maletas facturadas porque, con tres escalas, nos daba miedo perder la ropa. Desayunamos y nos fuimos para el aeropuerto para tomar el primer vuelo rumbo a Qatar, donde habíamos contratado un tour que perdimos porque era el día anterior. Sin embargo, ahora teníamos todo un día para conocer la ciudad y nos asignaron un hotel.

Así, por primera vez, pudimos salir a conocer la ciudad a 40 grados, siendo los únicos haciendo turismo. Ya lo habíamos intentado en nuestro viaje a la India y, por el Mundial de Fútbol, no pudimos conocerla. Conocimos sus zonas comerciales más tradicionales, compramos souvenirs, caminamos por la zona más moderna, que aún conserva monumentos del Mundial, conocimos uno de los estadios y luego nos fuimos a un centro comercial moderno que hasta un lago tenía para navegar. Nos gustó mucho esta visita improvisada y volvimos al hotel para comer y regresar al aeropuerto para volar a Singapur.

Al llegar a Singapur el aeropuerto nos gustó mucho. Era enorme, con cosas que no habíamos visto antes, como una sala de cine gratuita, un mariposario, un parque para niños, zonas de descanso y hasta una zona de espectáculos audiovisuales. Pero lo mejor era que tenía un tour gratuito por la ciudad para realizar durante la escala. Sin embargo, nuestra escala era demasiado corta, por lo que solo pudimos conocer el cine y el mariposario antes de esperar en nuestra puerta de embarque.

Volamos hasta Yakarta, donde tramitamos la visa de acceso al país on arrival. Tuvimos que pagar 30 € cada uno y hacer una fila para que nos pusieran los sellos correspondientes. Sin exagerar, eran más de 50 filas con muchísimas personas y, cada vez que se abría un nuevo acceso, se creaba rápidamente una nueva fila, donde por correr dejaban maletas, niños y cosas tiradas para conseguir un mejor sitio. Nosotros nos lo tomamos con calma, hicimos la fila y esperamos, aunque nos asustaba un poco perder el siguiente vuelo. Cuando por fin logramos tramitar la visa, pasamos corriendo hasta encontrar la puerta para nuestro vuelo hacia Yogyakarta.

Allí estuvimos esperando con calma porque en Asia el tiempo es relativo y los vuelos se retrasan siempre. Por eso no toca hacer planes tan ajustados, porque el vuelo va a salir, pero no a la hora estipulada. Para mí que las cosas se retrasen es normal, soy latina y puedo esperar, pero Antonio es europeo y no quiere esperar, por lo que cada cinco minutos preguntó a la azafata si ya íbamos a empezar a subir al avión. Tanto fue así que, faltando diez minutos para la hora que nos habían dicho, la azafata le respondió: «Haremos lo posible por salir puntuales». Y bueno, en resumen, no pasó: salimos 40 minutos más tarde.

Cansados, llegamos hasta Yogyakarta, recogimos las maletas que de milagro no se perdieron y nos recogió nuestro guía para llevarnos hasta el hotel. La verdad, el cansancio era tan monumental que no disfrutamos de ver la ciudad; solo queríamos llegar, bañarnos y dormir. Y eso hicimos: descansar, porque necesitábamos recuperar fuerzas para el día siguiente. Lo que esperábamos ver en dos días lo íbamos a visitar en uno solo para poder llegar a tiempo a nuestro programa.

YOGYAKARTA – PRAMBANAN – BOROBUDUR – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 2

Dormir en una cama fue lo mejor del viaje hasta ese momento. Pudimos descansar y recuperar fuerzas para continuar. Ya listos, nos bajamos a desayunar y todo se veía de otro color y con mejor actitud. Por fin podíamos sentirnos en Indonesia.

El desayuno fue magnífico, con un estanque de peces naranjas, música en vivo, un chef haciendo desayunos personalizados, un ambiente de tranquilidad y mucho calor. Luego nos recogió nuestro guía para empezar la aventura de ver templos enormes y de gran antigüedad.

La primera parada la hicimos en Prambanan, un complejo de 200 templos hinduistas construido aproximadamente en el año 850 d.C., con unos 18 km², y dedicado a la Trímurti, que son los dioses de la creación (Brahma), el protector (Visnú) y el destructor (Shivá). Desde la entrada pudimos ver la inmensidad de sus torres y, entre más caminábamos, nos dimos cuenta del paso del tiempo y de la naturaleza sobre el recinto, especialmente por los terremotos.

Sin embargo, todo el complejo conserva piedra a piedra su posición con el objetivo de reconstruirlo por partes. Tiene grandes esculturas, escaleras y se encuentra todo muy organizado. Incluso nos encontramos con un grupo de fieles haciendo rezos y cantos, llevando ofrendas a cada una de las torres que representa a un dios de la Trímurti. Nos gustó mucho el recinto y aprovechamos las habilidades de nuestro guía para hacer fotos muy originales.

La segunda parada fue en el monumento budista más grande del mundo, Borobudur, construido entre los años 750 y 850 d.C. Tan pronto llegamos al sitio, primero te dan unas sandalias especiales que guardamos como souvenir y se espera en una zona a la sombra una primera explicación sobre cómo mantener el cuidado del lugar, no ensuciarlo y conocer algo de su historia, hasta que ya te dejan pasar al monumento. Primero se visualiza desde abajo y es enorme, de un color gris y negro por la piedra volcánica.

Luego toca empezar a subir escalones para disfrutar de cerca las estupas y ver, desde sus orificios, figuras de Budas sentadas haciendo meditación, cada una con un detalle y una perfección increíbles, donde disfrutamos de una vista preciosa, aprovechamos para hacer fotos y curiosear todas las esculturas.

Al terminar de bajar las escaleras, nos fuimos a Mendut, un templo budista en el que entramos para ver tres grandes figuras de Buda sentadas y, al salir, había árboles enormes de los que colgaban juncos con los cuales pudimos jugar a balancearnos. Muy cerca nos paseamos por un templo con grandes figuras de piedra a las que los creyentes les habían puesto flores y decorado. Tenía un enorme estanque de peces y torres con rostros tallados en roca. Todos estos espacios tenían una gran carga de tranquilidad y armonía; se escuchaba a los pájaros cantar.

Por la noche volvimos al hotel para cambiarnos y asistir al Sonobudoyo, un espectáculo de baile con historia, en el que nos dieron una hoja para explicarnos cada parte del baile tradicional.

Fue un momento muy bonito, con música en vivo, mucho color, trajes especiales, máscaras y mucho movimiento. Es un espectaculo que se divide en diferente escenas y van contando historias de la tradición javanesa.

Al salir, esa noche no teníamos incluida la cena, así que nos fuimos al McDonald’s que estaba muy cerca del hotel para degustar platos únicos, con colores diferentes y muy picantes. Pedimos una soda con helado, una hamburguesa negra y un plato de arroz con pollo y una salsa roja de color y sabor a fuego. Antonio lo pasó muy mal porque todo le picó muchísimo y agradeció la soda con helado, que calmaba la sensación de picante.

Luego caminamos hasta el hotel, donde nos dimos cuenta de que los jóvenes se sentaban en las aceras a cenar, hablar con sus amigos y jugar, algo que no habíamos visto hasta entonces. Ya en el hotel, a descansar, que al siguiente día nos esperaba un vuelo rumbo a Bali.

BALI – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 3

Nos levantamos pronto para desayunar y, con las maletas listas para irnos al aeropuerto, nuestro guía nos recogió y, para que nos acordáramos de él y de sus enseñanzas, nos regaló una estupa que, al abrirla, tenía un Buda sentado. Nos encantó y es uno de esos souvenirs que tenemos a la vista en casa para enseñárselo a todos quienes nos visitan.

Una vez en el aeropuerto facturamos las maletas y, en la zona de espera, nos fuimos a comprar souvenirs porque en la zona de Java tienen cosas artesanales que solo son de esta isla y no las volveríamos a encontrar en Bali. Así que compramos un par de recuerdos para la familia y para nosotros. Además, entramos a una tienda de dulces y bebidas inusuales para nosotros y aprovechamos para comprarlas.

Mientras esperábamos que el vuelo saliera, nos fuimos a una zona de ordenadores públicos para jugar un rato y hasta una foto nos hicimos. Era gracioso porque varios viajeros habían dejado sus fotos allí. Luego nos fuimos a otra zona donde estaban haciendo un espectáculo de música en vivo con una niña que tocaba el violín. Ya en el avión nos fuimos comiendo los dulces y las bebidas que habíamos comprado.

Al aterrizar en Bali el aeropuerto era impresionante y pudimos disfrutar de ver la ciudad de día. En cada rotonda tenían estatuas monumentales, que ya parecían un punto turístico.

Las calles tenían ofrendas y santuarios de dioses vacíos que parecían vacíos, muchas estatuas con faldas de cuadros blancos, negros y rojos protegiendo las entradas de grandes edificios y casas familiares. Fue un paseo muy agradable y, por la hora, no tuvimos nada de tráfico.

Conocimos a nuestro nuevo guía, que nos acompañaría los días siguientes junto a su sobrino, que era el conductor. Su nombre era Atmika, un señor muy agradable que siempre llevaba en la cabeza un trapo atado y una especie de falda que llaman sarong. Ellos nos llevaron hasta el hotel Arma, uno de esos hoteles increíbles que prácticamente eran una ciudad dentro de otra.

La habitación era una villa para nosotros solos, con una entrada para recibir visitas y una vista a todo el recinto; una habitación enorme con un armario gigante, antebaño, tina con flores y, aparte, la ducha y el baño. Era mucho más grande que nuestro piso en Madrid y estaba todo hermosamente decorado por ser nuestra luna de miel.

Esa noche salimos a cenar dentro del mismo hotel, pero antes dimos un paseo. Era enorme: tenía muchas piscinas, cabañas, una parte de apartamentos, un colegio, un museo, cafeterías, una zona de espectáculos, talleres para los turistas, restaurantes y zonas de comedor, y hasta un río con cascada. Además, todas y cada una de las figuras tenían su propia luz y su ofrenda diaria.

Al terminar nuestro tour por el hotel, nos fuimos a uno de sus restaurantes para comer comida indonesia en una especie de choza elevada, a la que tuvimos que quitarnos los zapatos y comer sentados en el suelo. Una escena preciosa, donde todo estaba muy rico y, además, no picaba.

Así nos fuimos a descansar porque ya en Bali teníamos un programa más tranquilo y acorde con lo que habíamos preparado.

UBUD – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 4

Nos despertamos pronto, desayunamos y emprendimos rumbo a Guwang, donde nos encontramos un templo junto a un cementerio hinduista, donde las personas son enterradas en la tierra con una piedra simbólica encima para saber que ahí se encuentra el ser querido. Los familiares le traen cosas que les gustaban en vida, como chuches, bebidas o comida especial, y las dejan encima de sus tumbas. Aunque parece que fuera basura, es una forma de recordar a sus seres queridos.

Justo enfrente de este sitio entramos a un espectáculo de baile llamado Guwang Barong & Keris Dance, donde nos dieron una hoja con la explicación de los bailes que íbamos a ver y qué personajes participaban.

Un espectáculo muy bien organizado, con todos los bailarines con trajes especiales que animaban a aplaudir y participar.

En ese momento encontré mi personaje favorito de la mitología balinesa: el Barong, que es el rey de los espíritus, líder de las fuerzas del bien y el protector supremo de los humanos.

Al terminar el espectáculo nos hicimos fotos con los bailarines y nos fuimos directos al mercado de Sukawati, donde vendían muchas cestas tradicionales, gorros y pulseras que representaban la unificación de los dioses hinduistas: el rojo a Brahma, el blanco a Vishnú y el negro a Shiva. Nos compramos unas cuantas pulseras y nos las pusimos. Luego conducimos hasta Goa Gajah, en Gianyar (Bali), también conocido como la Cueva del Elefante, que fue una ermita para los sacerdotes hindúes y fue construida en el siglo XI como santuario.

Hoy en día es un punto en el que los hinduistas realizan ritos especiales y un punto turístico para ver las grandes esculturas con chorros de agua, entrar en la cueva para ver la figura de Ganesha y espacios de rezo que conviven con la naturaleza, todo muy bien conservado y lleno de tranquilidad. Para entrar, tanto hombres como mujeres deben usar el sarong, y puedes elegir el color que más te guste.

Nos fuimos a la cascada de Tibumana. Para llegar hasta ella tuvimos que bajar por una montaña y cruzar varios puentes de bambú. Al llegar comprobamos que era un lugar precioso y muy natural, aunque era recomendable llevar escarpines porque, al ser el agua de color marrón por el barro, no se veía el fondo. Aun así, fue el sitio perfecto para darnos un chapuzón, refrescarnos y continuar el viaje. La verdad es que estas paradas ayudan mucho a sobrellevar el calor y la humedad que hace en Bali.

Al salir de la cascada volvimos montaña arriba para buscar un restaurante para comer y como no queríamos tener que movernos, comimos en un restaurante que estaba al aire libre y tenia columpios en los que estuvimos jugando antes de que llegará la comida. Y cuando nos asignaron una mesa, nos tocaba en una especie de cabaña individual sin zapatos y sentados sobre el suelo en el que todo se veia muy bonito porque estaba rodeado de plantaciones de arroz.

Al terminar de comer nos fuimos hasta el pueblo tradicional de Penglipuran, donde nos encontramos muchos turistas conociendo este sitio.

Era una calle llena de casitas tradicionales donde viven familias enormes de hasta casi 50 personas. Tienen altares y hasta puestos de productos artesanales hechos por ellos mismos.

La verdad, un paseo agradable por el pueblo, en el que aprovechamos para comprar las típicas flores que llevan las mujeres en la cabeza como tocado, y compré muchas, tantas que luego tengo una foto con mis compañeros de trabajo todos con una.

Volvimos al hotel agotados y encontramos mucho más tráfico. Conducen a su manera, adelantando y pasando por pequeños espacios, pero llegamos sanos y salvos a pesar de las muchas horas de carretera que aún nos esperaban. Una vez en el hotel encontramos un sitio donde nos proponían planes dentro del mismo hotel, una especie de talleres para aprender de su cultura, así que fuimos a apuntarnos a uno de cómo hacer comida tradicional para una fiesta hinduista.

Cenamos y nos fuimos a dormir para ir pronto al taller de comida tradicional antes de que nos recogiera nuestro guía.

BEDUGUL – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 5

Pronto, antes de desayunar, nos fuimos a una zona de talleres del hotel para aprender y ayudar a hacer comida para la fiesta que tenían ese día. Primero nos pusimos unos sarongs de color amarillo, nos quitamos los zapatos y nos sentamos a ayudar a picar verduras y hacer una especie de brochetas en palitos de madera. Todo tenía una forma específica de hacerse y, bueno, mis dotes culinarias no van más allá de lo que hacemos en la airfryer, así que se intentó lo que se pudo.

Luego nos dieron té y dulces tradicionales mientras nos contaban que la cocina tradicional para las fiestas es labor de los hombres y que las mujeres se dedican a decorar y organizar la fiesta. Iniciamos un amigo que se llama Arie Brahmanta, que nos enseñó mucho sobre cómo era la celebración que estaban organizando y que él participaba en las celebraciones vistiéndose y haciendo espectáculos como los que habíamos visto los días anteriores.

Después de ayudar y aprender mucho sobre su cultura terminamos para irnos a desayunar y cambiarnos, porque luego nos recogía nuestro guía Atmika para ir al Bosque de los Monos de Sangeh. Siendo fan de los animales, esta parada nos encantó. Además nos encontramos con un grupo de estudiantes de vacaciones de la isla de Java con el que nos hicimos una graciosa sesión de fotos.

Mientras recorríamos el bosque encontramos grandes monos que tienen mucha curiosidad por los turistas y que, sin darte cuenta, se suben encima tuyo para saludarte y ver si llevas algún dulce para compartir. Aprendimos que los monos machos están más cerca de los turistas para buscar cosas que llevarles a las monas y a los monitos bebés.

Luego nos fuimos a las terrazas de arroz de Jatiluwih, muy preparados con gorros tradicionales y con chubasquero porque empezó a llover.

Mientras caminábamos por los arrozales nos encontramos vacas y pequeños puestos de arroz de diferentes colores como blanco, negro y rojo, que casualmente son los mismos colores de los dioses.

Cada tipo de arroz se usa para cosas diferentes como para postres, otros para comida diaria y hasta recetas muy elaboradas.

Esa misma día, a la hora de la comida, comimos lo mismo que habíamos estado haciendo en la mañana en el taller de comida tradicional; al parecer era el plato para ese día. Estaba muy rico y, sabiendo lo que se tardaba en hacer, lo disfrutamos aún más. De camino a la cascada nos detuvimos en el mirador de los lagos gemelos de Buyan y Tamblingan, donde pudimos ver el lago enorme rodeado de árboles y naturaleza.

Llegamos hasta la cascada de Banyumala, donde nos pasó una anécdota graciosa. Antonio quería ir al baño y le preguntó a Atmika dónde podría ir, y él le respondía “abajo, Banyumala”, y nosotros entendíamos “abajo baño malo”.

Como el guía insistía que abajo el baño era malo, decidimos entrar al baño arriba, antes de bajar la montaña.Luego entendimos que abajo la cascada se llamaba Banyumala, y nos dio mucha risa el mal entendido.

Una vez llegamos a la cascada, nos dimos un chapuzón más que merecido porque tocó bajar la montaña y así estar frescos para volver a subirla. Mientras bajábamos escuchamos muchos insectos y sobre todo cigarras que tenían un concierto del ruido que hacían.

Luego, entre el calabobos o el chirimiri (lluvia pero poca), nos fuimos hacia el templo de Ulun Danu Beratan que, a pesar de estar lloviendo, fue muy bonito ver las torres casi flotando sobre el agua, lleno de flores y muchos turistas.

Caminamos por todo el recinto disfrutando del color de dragones marinos, templos y estatuas pintadas. Un sitio muy especial y en el que la lluvia no impidió que lo pudiéramos conocer.

Al caer la noche volvimos al hotel y, de cena, disfrutamos una pizza deliciosa y luego nos fuimos a descansar con guecos en el techo.

KINTAMANI – TERUNYAN – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 6

Nos despertamos, tomamos el desayuno y nos fuimos a las terrazas de arroz de Tegallalang, donde cada rincón era una fotografía excepcional. Todo estaba rodeado de un color verde intenso, con nidos para sentarte a apreciar las vistas y muchas figuras para hacerte fotos únicas, como corazones, cuevitas y mucho más.

Incluso vimos a muchas chicas haciéndose la típica foto del vestido eterno. En mi caso no soy mucho de esas cosas, pero es un punto ideal para hacerse esa típica foto de Instagram.

Terminada la sesión de fotos nos fuimos hasta el templo de agua de Tirta Empul, uno de esos templos que más nos llamaban la atención por conocer y del que habíamos visto muchos vídeos sobre cómo era esta experiencia. Al llegar nos dieron unos sarongs largos con un cinturón. Cada uno se dirigió al vestuario para cambiarnos y vestirnos apropiadamente para el sitio. Por debajo nos pusimos el bañador y, con las instrucciones del personal, nos colocamos correctamente el sarong: en mi caso en forma de vestido y el de Antonio como una falda.

Cuando ya estábamos vestidos, nuestro guía nos dio unas ofrendas e incienso para hacer la ofrenda antes de entrar al templo. Fue un momento muy especial y espiritual. Cerramos los ojos y pedimos por nuestro viaje y por nuestras familias, y luego ya pudimos entrar. Las sandalias las dejamos en un lado especial (una montaña de sandalias) y empezamos el rito, que consiste en entrar a una especie de piscina natural en la que cada chorro de agua tiene un propósito y se pasa por todos menos por dos, que son para los seres queridos que ya no están con nosotros.

Hicimos el rito pasando por la primera piscina y, al salir a la segunda, tocaba esperar una fila para hacer el rito final. Esperamos con calma y pasamos por este chorro de agua también. Mientras hacíamos la fila conocimos a Stephania, una chica peruana que vive en Barcelona, y nos hicimos amigos. Intercambiamos números y quedamos en cenar juntos más tarde.

Terminamos los ritos, nos cambiamos y nos fuimos hacia la parte de atrás del templo, donde estaban los creyentes organizando una gran fiesta con flores, comida, decoración, ofrendas y trajes tradicionales. Un festival de colores y alegría, en el que pudimos ver cómo empezaban a organizarlo todo. No nos pudimos quedar a verlo porque teníamos una cita para conocer una tradición que conecta la muerte con la naturaleza.

Nos fuimos por carretera en búsqueda del cementerio de Terunyan, al que, después del viaje en coche, era necesario llegar en una embarcación. Fue una excursión agotadora, pero que disfrutamos mucho porque ver este cementerio era una excursión extra que habíamos elegido para conocer cómo una comunidad enterraba a sus seres queridos en plena intemperie, a la sombra de un árbol sagrado, al que les llevan todo aquello que consideran necesario para su vida después de la muerte.

Una vez llegamos fue impactante y, a la vez, muy respetuoso. No había apenas personas, tanto que éramos solo nosotros tres (el guía, Antonio y yo) viendo el cementerio, donde había tres cuerpos a los que lo único que les cubría era una especie de casa de bambú.

A su alrededor los cuerpos tenían todo tipo de productos de higiene, comida, dinero y hasta sus cosas favoritas en vida. El sitio no olía a nada, solo se veía algo sucio debido a las ofrendas, al viento y a los animales que vienen a comérselas. Y una vez los cuerpos pasan a un grado de descomposición que solo quedan los huesos, los separan y ponen los cráneos apilado debajo del árbol y habían dejado ofrendas de billetes y monedas en sus ojos y nariz.

💡 TonyFact: Árbol de muertos

En la orilla del Lago Batur, vive la comunidad Bali Aga en la aldea de Trunyan, un pueblo famoso por vivir la muerte de una forma radicalmente distinta a cualquier otro lugar del mundo.

Mientras que en el resto de Bali lo más habitual es la cremación, los habitantes de Trunyan practican el entierro a cielo abierto. Si alguien fallece, no lo entierran bajo tierra sino que colocan el cuerpo, vestido y sobre el suelo, dentro de una estructura de bambú triangular.

Lo más alucinante es que, a pesar de estar a la intemperie, ¡el cuerpo no huele a nada! El secreto reside en un árbol gigantesco y sagrado que crece en el cementerio llamado Taru Menyan. La leyenda cuenta que este árbol permite liberar a los muertos de sus pecados que son los causantes del mal olor. Cierto o no, la realidad es que verdaderamente no huele a nada.

Es una de esas experiencias que te dejan impactado por la fuerza de una cultura que desafía la lógica.

En la orilla del Lago Batur, vive la comunidad Bali Aga en la aldea de Trunyan, un pueblo famoso por vivir la muerte de una forma radicalmente distinta a cualquier otro lugar del mundo.

También vimos, fuera del cementerio, que varios científicos han estudiado por qué el árbol absorbe los olores y ayuda en la descomposición del cuerpo, y que han intentado plantarlo en otras partes del mundo sin éxito. Todo un sitio lleno de misterio y mucho respeto por la manera en que le dicen adiós a sus seres queridos.

Volvimos a la embarcación que nos llevó hasta la orilla para ir por carretera hasta uno de los miradores del Batur y disfrutar de una plantación de café local, el famoso café de civeta.

Llegamos a un mirador precioso donde nos enseñaron cómo vivían las civetas, el proceso del café, la limpieza, nos pusieron hasta a molerlo y finalmente a probarlo. No somos muy cafeteros, pero no íbamos a dejar de probarlo.

Nos trajeron una gran variedad de tés y cafés, e incluso nos dieron una lista para evaluar cuál nos gustaba más. Hicimos toda una cata de bebidas y nos divertimos un rato aprendiendo de sus sabores y olores. Antes de irnos compramos un par de cafés y tés deliciosos para traer a casa como souvenirs.

Y, como si el día no hubiera sido ya demasiado largo, aún nos faltaba una parada más para conocer el templo de Gunung Kawi, dedicado al dios del agua, en el que se encuentran enterrados los miembros de la familia real.

Fue una parada más pausada y monumental porque, literalmente, tallaron la roca de la montaña para hacer unas monumentales tumbas que se encuentran rodeadas de arrozales y estanques de agua con enormes chorros en los que nadan peces naranjas con total tranquilidad. Dimos un paseo corto y ya teníamos ganas de volver al hotel para descansar y así recuperar fuerzas para el siguiente día.

Sin embargo, habíamos quedado con la amiga que conocimos en Tirta Empul y nos reunimos a cenar en uno de los restaurantes céntricos de Bali, donde pasamos la noche riéndonos entre anécdotas de amor y desamor. A día de hoy seguimos manteniendo el contacto y siempre comentándonos fotos de viajes tan auténticos como este.

KLUNGKUNG – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 7

Nos levantamos con el bañador listo para irnos a la cascada de Goa Raja, donde primero tuvimos que bajar una montaña para disfrutar de la cascada. Nos dimos un baño para nosotros solos y, al lado de la cascada, había una piscina natural a una temperatura ideal para refrescarse y empezar el día frescos. Todo completamente natural y con una vista única.

Al salir de la zona de la cascada nos encontramos con muchas especies de arañas de diferentes tamaños y colores. A todas les hicimos fotos para tenerlas de recuerdo. Cogimos rumbo de nuevo por carretera para dirigirnos al templo madre de Besakih, uno de los más importantes para los hinduistas. Pero en el camino hicimos una parada al Indomaret, un supermercado para comprar chuches y usar el baño.

Luego paramos en Semarapura Tengah para visitar Taman Kertha Gosa, un templo de piedra volcánica de color gris oscuro, por el que estuvimos paseando y disfrutando de los techos pintados al detalle y de la decoración tradicional. Varios de los templos estaban rodeados de estanques de agua con nenúfares y peces naranjas, mientras columnas con dragones y otros animales protegían las entradas de cada uno. También vimos el Monumento de Puputan Klungkung, que tenía figuras representativas de la familia real.

Luego, durante las horas de carretera, vimos muchas rotondas impresionantes decoradas con grandes monumentos y telas de color amarillo y blanco, además de paraguas para proteger algunas de las esculturas. Ya les gustaría a muchas ciudades del mundo tener rotondas tan impresionantes como esas y tan bien conservadas.

Llegamos al templo madre de Besakih, considerado el más importante del hinduismo balinés, donde nos encontramos a miles de fieles con ofrendas y con sus mejores trajes. Todos se veían muy guapos y, antes de entrar, nos pusimos unos sarongs y Antonio un pañuelo en la cabeza. Como llevábamos camisa y camiseta blancas, parecíamos unos locales totalmente integrados. Caminamos por todo el recinto, que era enorme, mientras apreciábamos los ritos e incluso vimos que en algunos lugares solo podían entrar los fieles y los turistas podíamos observarlos desde fuera. Fue una parada muy espiritual y alegre porque pudimos hacer fotos muy bonitas.

Paramos a comer en un restaurante de carretera donde había enormes murciélagos colgados a la entrada para alimentarlos. Les dimos papaya y se la comieron más que contentos. Son murciélagos que comen frutas y están muy bien alimentados, por ello llegan hasta estos sitios para que les den comida. Ni siquiera están atados u obligados; simplemente han aprendido que allí les dan de comer y llegan cada día. Eso sí, verlos volar es como ver un dinosaurio, porque miden casi dos metros de ala a ala.

En carretera hicimos una parada en la Cueva de los Murciélagos, llamada Goa Lawah, donde pudimos apreciar millones de murciélagos colgando del techo de la cueva. Debajo hay todo un santuario hinduista donde dejan ofrendas a los dioses y los murciélagos aprovechan para darse un buen festín.

El olor en este templo era muy fuerte por la cantidad de murciélagos y, a pesar de estar al aire libre, se notaba muchísimo. A esa hora, cuando empezaba a caer la tarde, pudimos verlos volar. Hacían bastante ruido y comenzaban su actividad.

Continuamos nuestro viaje hasta el pueblo tradicional de Tenganan Pegringsingan, donde había muchas gallinas por todas partes. Era un pueblo menos turístico, pero muy importante para los hinduistas, porque nos encontramos con una pareja haciéndose las fotos de boda allí.

Al no tener tantos turistas, no había una gran variedad de productos artesanales, por lo que solo nos ofrecieron un calendario hecho en madera. ¿Y a que no adivináis? Lo compramos. Es muy bonito porque está tallado finamente y personalizado con nuestros nombres.

Esa noche nos quedamos en Sengkidu, en un hotel con una vista preciosa al mar, desde donde podíamos ver de fondo los barcos cargueros y comer carne a la brasa, porque también iban cambiando los tipos de platos dependiendo de la zona. Nos fuimos a descansar, ansiosos por continuar al día siguiente.

KARANGASEM Y GIANYAR – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 8

Nos despertamos con el bañador puesto porque nos íbamos a disfrutar del mar, el sol y la calma en la playa de Virgin Beach, en Bugbug, que, al llegar justo después de desayunar, pudimos disfrutar solo para nosotros.

Allí apenas los pequeños barcos pesqueros se alistaban para salir en busca de peces. Nos bañamos, tomamos fotos, disfrutamos de la paz y nos relajamos hasta que nos pusimos a buscar cangrejos.

Después de pasar la mañana en este espacio de calma nos cambiamos y nos dirigimos hacia los palacios de agua de Tirta Gangga y Taman Ujung, donde pudimos ver grandes estanques de agua con templos blancos, pasillos eternos y hasta un juego de caminos sobre el agua, donde los peces se acercaban mucho en busca de comida. Hicimos unas fotos espectaculares y este sitio sí que era mucho más turístico, por lo que entre el potente sol y la multitud agobiaba un poco.

Justo fuera de los templos nos encontramos con una tienda de mascotas inusuales, donde tenían grandes serpientes, roedores, peces y hasta tortugas enormes. Allí pudimos apreciar muchos de estos animales y hacernos un par de fotos con el peso de una gran serpiente amarilla. La cual al ponerse sobre el cuello, empezaba a contraerse como si fueras su comida, una sensación muy inusual.

Continuamos nuestro viaje a uno de los puntos más visitados de esta zona y uno de los que más salen en Instagram por ser el lugar donde se hace la famosa foto en las puertas de un templo que, aparentemente, abajo tiene un lago. Y, cómo no, íbamos a ir. Así que nos fuimos al templo de Lempuyang, donde tuvimos que subir, ponernos un sarong y, con la entrada, nos asignaron un turno para hacernos la foto. Primero hicimos un recorrido por el monumento, que es uno de los nueve templos principales de Bali, dedicado al Dios de la Paz, y cuyo nombre significa Luz (Lempu) Sagrada (Hyang).

Luego de las explicaciones y de disfrutar de una vista preciosa, nos fijamos en que teníamos un turno para el que, como mínimo, debíamos esperar tres horas. Así que nuestro guía sacó sus dotes de negociador e intercambió los turnos con un grupo que no iba a esperar tanto, reduciendo la espera a una hora. Aprovechamos para irnos a tomar algo con calma y allí conocimos a dos azafatas de cruceros colombianas que estaban haciendo turismo porque el crucero había hecho una parada en la isla de Bali y así aprovechaban su tiempo libre.

Al terminar de tomar lo que habíamos pedido nos fuimos a la zona de espera para hacernos la foto. Esperamos con calma entre muchas personas hasta que por fin nos llamaron. Listos, con el móvil en la mano, se lo entregamos a los profesionales y nuestro guía, con otro móvil, también se dispuso a hacer la foto.

Para sorpresa de muchos, el lago no existe: usan un espejo para que se reflejen las puertas del templo y las personas fotografiadas. Posamos como todos unos profesionales, con poses ensayadas que aprendimos durante el tiempo de espera al ver a otras personas hacerse esta foto. Es una experiencia divertida, pero hay que tener ganas de esperar.

Con la foto en mano y publicada en redes sociales, continuamos rumbo a Denpasar porque necesitábamos pasar la noche cerca de donde salen los barcos rumbo a Nusa Penida y así despertarnos pronto pero sin tener que correr. Así que pasamos la tarde conduciendo y luego, en el hotel, aprovechamos para comer un delicioso pescado frito y un calamar a la plancha, todo buenísimo y con un sabor inolvidable.

NUSA PENIDA – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 9

Muy pronto, de nuevo con el bañador listo, nos fuimos hasta el puerto de Sanur, donde salen las embarcaciones hacia Nusa Penida. Menos mal que habíamos desayunado algo ligero, porque lo que nos esperaba era una aventura de movimiento, agua y nervios.

A pesar de ser un día soleado, el oleaje del mar estaba potente. Nos compramos una cerveza, ya que el barco era solo para turistas, y nos fuimos apreciando el paso de las olas.

En la parte de arriba del barco tenían toda una fiesta con música y turistas bailando, nosotros preeferimos irnos sentados abajo mirando las vistas del mar.

Llegamos a tierra firme y se respiró la calma, pero no por mucho tiempo, porque nos quedaba ahora subirnos a otro barco en el que ya íbamos solos con el capitán en búsqueda de las mantarrayas negras. Las olas seguían siendo fuertes y se agradeció mucho saber nadar para pensar que, por lo menos, si pasaba algo, se nadaría hasta la orilla, que no estaba tan lejos (momento de nervios total). Nos detuvimos en una zona para hacer snorkel y ver los corales, peces curiosos y uno que otro ser marino poco usual.

En ese momento ya encontramos un poco más de calma y disfrutamos de alimentar a los peces, nadar, hacer un par de fotos y relajarnos. Hicimos varias paradas en busca de las mantarrayas en los puntos más famosos como Manta Bay, Crystal Bay, Toyapakeh Wall y GT Point, pero no tuvimos suerte. Suele ser un punto de avistamiento, pero depende del día, la hora y de cómo esté la marea, y como había estado algo agitado, las mantarrayas no se acercaron hasta el punto de encuentro.

Nosotros nos fuimos contentos de haber alimentado a muchos peces en su zona natural y con la sensación de haber hecho un turismo que no es masivo, lo que ayuda a conservar mejor toda la zona. Volvimos al puerto para cambiarnos y hacer un tour por la isla en coche, visitando varios puntos con unas vistas impresionantes. Nuestro guía era un chico que hablaba solo inglés y que estaba aprendiendo español con muñecos animados de la televisión española, y que en medio de su inglés mezclaba palabras curiosas en español.

Nos fuimos hablando de la cultura y aprendiendo cómo la isla sobrevivió durante la pandemia, porque es una isla que vive del turismo y no es fértil para las plantaciones de arroz, por lo que todo llega desde la isla de Bali. Pasaron momentos tensos, pero aun así no les impidió seguir con mucho ánimo y aprovechar el retorno de los turistas para brindar un servicio cada vez mejor.

Hicimos una parada para comer en un pequeño restaurante de carretera, con mesas de madera pintadas de blanco, rodeado de flores y con un excelente wifi para poder publicar alguna que otra foto. La comida siempre venía acompañada de arroz y carnes en salsa, todo apetecible. Además, después de estar en el mar se tiene mucha más hambre, así que era necesario comer antes de seguir conociendo la isla.

Con el guía fuimos a varios puntos. El primero fue Broken Beach, una formación donde la montaña está abierta al mar y abajo el agua entra formando una especie de arco natural, con un puente de roca en la parte superior, lo que lo convierte en un punto muy fotogénico.

Caminamos por la zona para ver cómo la roca se ha ido moldeando con el oleaje, con un agua azul turquesa que transmite mucha calma.

Eso sí, aunque las fotos parecen vacías, el sitio estaba lleno de asiáticos que odian el sol y van con paraguas y completamente cubiertos. Pero nuestro guía era todo un experto en encontrar sitios para hacernos la foto perfecta.

La siguiente parada fue el famoso punto de Kelingking Beach, donde la montaña parece un T-Rex. Estaba tan concurrido que el guía, todo un profesional de la fotografía, incluso se subió a un árbol para conseguir el mejor ángulo posible.

Nos encantó el sitio y la creatividad del guía para hacer que todo pareciera perfecto a pesar de la multitud.

Había la opción de bajar a la playa que veíamos desde arriba, pero aquí ya nuestro amigos Glori y Jorge nos habían recomendado mejor no hacerlo porque era muy complicado bajar y al subir si llovía era aun peor. Así que preferimos no hacerlo.

Disfrutamos de las vistas y continuamos hasta el puerto para volver a Denpasar, de regreso a tierra firme. El trayecto de vuelta fue igual de movido, pero el cansancio hizo que la preocupación quedara en segundo plano. Cuando llegamos al puerto de Denpasar nos esperaba nuestro guía motorizado, porque era hora punta y si volvíamos en coche al hotel tendríamos que esperar mucho tráfico. Así que, con casco en mano y luego en la cabeza, nos fuimos hasta el hotel y pudimos disfrutar de su piscina infinita llena de calma, mientras de los árboles caían flores blancas y amarillas que parecían un decorado más.

Pasamos la tarde en la piscina disfrutando de un cóctel con mucha calma hasta que nos fuimos a cenar con música en vivo y comida un poco más occidental, porque después de tanta comida indonesia también apetece una pizza o unas fajitas con queso. Así, entre la música, la buena comida y la calma, terminamos un día que empezó con nervios, pero acabó con la tranquilidad absoluta de un lugar como Indonesia, que tiene una mezcla de todos los placeres en un solo sitio.

ULUWATU – Nuestro viaje a Indonesia I

Día 10

En la mañana, después de un gran desayuno, nos fuimos a la playa de Jimbaran, donde pudimos disfrutar de la tranquilidad para leer y darnos un baño con toda la calma. Nos gustó mucho que primero pudimos apreciar desde lo alto de una montaña las vistas y luego bajar a la playa; era como tener dos perspectivas del mismo sitio.

Disfrutamos de conocer otras playas como la de Balangan, que era más la típica playa paradisíaca que esperas disfrutar en Indonesia, y luego fuimos a la playa de Suluban, que no pudimos disfrutar tanto porque la marea estaba un poco alta en esa zona, ya que es una playa que llega a una especie de cueva. Por ello, nos movimos hasta Pecatu, una playa mucho más divertida porque había traviesos monos que te robaban la comida y las pertenencias.

Así que tuvimos que estar muy atentos todo el tiempo para que los monos no quisieran hacernos travesuras. Es más, para poder darnos un baño tuvimos que encargarle a otra turista el cuidado de nuestras cosas, porque si no era imposible. Una experiencia muy diferente a la playa calmada que te esperas, pero muy divertida, porque puedes ver a los monos literalmente divirtiéndose con las maniobras que hacen los turistas para que no les roben.

Nos encantó la playa; fue muy relajante. Un consejo fundamental: llevar escarpines, porque son necesarios para evitar alguna piedra y poder moverse con mayor facilidad entre las playas y los accesos, que suelen implicar bajar varias escaleras. Después de pasar toda la mañana poniéndonos morenos y guapos en la playa, nos quitamos por fin el bañador y nos volvimos a vestir, porque por la tarde nos esperaba una aventura con más monos.

Después de comer nos dirigimos hasta el templo de Uluwatu, donde nos pusimos un sarong para poder entrar y, una vez dentro, apreciamos que estaba ubicado sobre un imponente acantilado, precioso para hacer fotos desde cualquier ángulo. Sin embargo, había que estar muy atentos para que los traviesos monos no te robaran. Vimos todo tipo de robos: gafas, gorras, comida, bebidas e incluso intentos de abrir mochilas de los turistas. Nosotros, que ya veníamos más que advertidos de la situación, estábamos preparados, pero aun así no dejaba de ocurrir que un mono se acercara demasiado o estuviera desde un árbol esperando a que te distrajeras para robarte.

Compramos un par de botellas de agua para los monos y era sorprendente ver cómo las abrían y luego las dejaban cerca de las papeleras. Todo un espectáculo verlos convivir y disfrutar de sus travesuras. Nuestro guía se quedó haciendo la fila a la sombra para entrar más tarde a un espectáculo, mientras nos mandó a explorar el templo con calma. Vimos muchos monos e incluso uno blanco que, debido a su color, estaba aislado porque los demás lo atacaban.

Después de hacer fotos y estar atentos a las locuras de los monos, nos reencontramos con nuestro guía, que ya había hecho amigos en la fila: una pareja de malayos que hablaban muy bien inglés y tenían curiosidad sobre nuestro viaje. Fue divertido hablar con ellos y esperar al atardecer. Incluso a uno de ellos le robó un mono su gorra nueva y se la dañó completamente; la recuperó, pero ya no estaba tan bonita como cuando llegó al templo.

De un momento para otro, la fila fue invadida por indios y chinos que se querían colar, a pesar de que nuestro guía, los malayos y nosotros llevábamos más de una hora esperando. No lo permitimos y nos mantuvimos firmes en nuestra posición. Ya en un tumulto de personas queriendo entrar al espectáculo, nuestro guía le dijo a uno de los encargados de la puerta que necesitaba ir al baño y luego se quedó dentro gestionando la logística del evento.

Nos dio mucha risa porque ahora se había convertido en un organizador del espectáculo: guiaba a las personas a la salida, organizaba las entradas y nosotros viéndolo todo desde la fila. Eso sí, cuando entramos, ya nos tenía el sitio ideal para ubicarnos. Esperamos a que todos terminaran de entrar y empezó el show con una puesta de sol hermosa, con los brillos del mar de fondo y una llamarada de fuego en el centro del escenario, en el que comenzó la danza del fuego Kecak, en la que los bailarines hacen sonidos muy especiales y todo el espectáculo gira en torno a Hanuman, el dios mono.

Un espectáculo que se debe ver por lo menos una vez en la vida, porque es un encuentro de música, trajes típicos, máscaras, danza, olores, fuego y misterio, ya que cada escena representa una batalla entre el bien y el mal. Una noche mágica, resumiría, porque volvimos al hotel emocionados de todo lo que vimos y de las aventuras de los monos.

Al volver al hotel, la aventura la seguimos solos porque esa noche nos fuimos a comprar comida en los restaurantes cercanos. Nuestro plan era comer algo más local, pero no fue posible debido al tráfico; llegamos muy tarde y tuvimos que ir a la única opción abierta: una especie de KFC que nos valió poquísimo y en el que comimos bastante. Eso sí, atravesamos calles y negociamos en un inglés que nadie entendía porque no hablaban inglés los que atendían, así que entre señas y gestos lo logramos. Volvimos al hotel a descansar de este gran día.

*Si te ha gustado esta primera parte, no dejes de leer la segunda parte de nuestro viaje Indonesia II:

Nuestro viaje a la Indonesia I

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Nuestro viaje a Indonesia I