Redacción y sabiduría: Alice
Anotaciones y edición: Antonio
Nuestro viaje a Indonesia fue increíble y lo necesitábamos después del ritmo de vida que habíamos llevado durante el último año y medio. Como somos muy buenos organizando viajes, acabamos asumiendo también la organización de nuestra boda. Pero no una boda tradicional, sino una hecha a mano, en la que dedicamos todo nuestro tiempo libre a preparar no una, sino cuatro bodas temáticas con amigos y familia. Una auténtica locura logística que, ahora, nos parece mucho más sencilla el organizar un viaje.
Así que este viaje fue nuestra luna de miel. Y aunque nos habría encantado organizarlo todo por nuestra cuenta, era casi imposible asumir una tarea extra en ese momento. Por eso llegamos a un punto intermedio, una parte del viaje fue organizada y la otra la hicimos por libre, incorporando aquellas actividades que ninguna agencia ofrecía e incluso sacamos tiempo para hacer una boda más al estilo balinés. Un viaje que hemos recopilado aquí para contar detalle a detalle de este destino inolvidable.
Para disfrutar completamente el artículo recomendamos leerlo completo . Pero si no tienes tiempo o solo te interesa una sección, puedes ir directamente haciendo clic en su título 🖱️(nos caerás un poco peor, pero no pasa nada).
Día 1
Día 2
Día 3
Día 4
Día 5
Día 6
Día 7
Día 8
Día 9
Día 10
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Si estás organizando un viaje a Indonesia y te gustaría hacerlo igual o similar al nuestro, contáctanos y te ayudamos a organizarlo para que disfrutes al máximo del país de templos, bailes y ritos únicos en el mundo. Nosotros lo hicimos de forma organizada y la experiencia fue inmejorable. Te acompañamos en todo el proceso para que vivas una experiencia relajada y sin preocupaciones, olvidándote de horarios, transporte, entradas, comidas o de pasar horas comparando opciones.
Te dejamos aquí el resumen de nuestro Viaje a Indonesia en 21 días:
Día 1: Madrid – Qatar – Singapur – Yogyakarta
Día 2: Yogyakarta – Borobudur – Prambanan
Día 3: Bali
Día 4: Ubud
Día 5: Bedugul
Día 6: Kintamani y Terynyan
Día 7: Klungkung
Día 8: Karangasem y Gianyar
Día 9: Nusa Penisa
Día 10: Uluwatu
Día 11: Continuar leyendo la segunda parte de nuestro viaje
YOGYAKARTA – PRAMBANAN – BOROBUDUR – Nuestro viaje a Indonesia I
Día 2
Dormir en una cama fue lo mejor del viaje hasta ese momento. Pudimos descansar y recuperar fuerzas para continuar. Ya listos, nos bajamos a desayunar y todo se veía de otro color y con mejor actitud. Por fin podíamos sentirnos en Indonesia.
El desayuno fue magnífico, con un estanque de peces naranjas, música en vivo, un chef haciendo desayunos personalizados, un ambiente de tranquilidad y mucho calor. Luego nos recogió nuestro guía para empezar la aventura de ver templos enormes y de gran antigüedad.
La primera parada la hicimos en Prambanan, un complejo de 200 templos hinduistas construido aproximadamente en el año 850 d.C., con unos 18 km², y dedicado a la Trímurti, que son los dioses de la creación (Brahma), el protector (Visnú) y el destructor (Shivá). Desde la entrada pudimos ver la inmensidad de sus torres y, entre más caminábamos, nos dimos cuenta del paso del tiempo y de la naturaleza sobre el recinto, especialmente por los terremotos.
Sin embargo, todo el complejo conserva piedra a piedra su posición con el objetivo de reconstruirlo por partes. Tiene grandes esculturas, escaleras y se encuentra todo muy organizado. Incluso nos encontramos con un grupo de fieles haciendo rezos y cantos, llevando ofrendas a cada una de las torres que representa a un dios de la Trímurti. Nos gustó mucho el recinto y aprovechamos las habilidades de nuestro guía para hacer fotos muy originales.




La segunda parada fue en el monumento budista más grande del mundo, Borobudur, construido entre los años 750 y 850 d.C. Tan pronto llegamos al sitio, primero te dan unas sandalias especiales que guardamos como souvenir y se espera en una zona a la sombra una primera explicación sobre cómo mantener el cuidado del lugar, no ensuciarlo y conocer algo de su historia, hasta que ya te dejan pasar al monumento. Primero se visualiza desde abajo y es enorme, de un color gris y negro por la piedra volcánica.
Luego toca empezar a subir escalones para disfrutar de cerca las estupas y ver, desde sus orificios, figuras de Budas sentadas haciendo meditación, cada una con un detalle y una perfección increíbles, donde disfrutamos de una vista preciosa, aprovechamos para hacer fotos y curiosear todas las esculturas.




Al terminar de bajar las escaleras, nos fuimos a Mendut, un templo budista en el que entramos para ver tres grandes figuras de Buda sentadas y, al salir, había árboles enormes de los que colgaban juncos con los cuales pudimos jugar a balancearnos. Muy cerca nos paseamos por un templo con grandes figuras de piedra a las que los creyentes les habían puesto flores y decorado. Tenía un enorme estanque de peces y torres con rostros tallados en roca. Todos estos espacios tenían una gran carga de tranquilidad y armonía; se escuchaba a los pájaros cantar.




Por la noche volvimos al hotel para cambiarnos y asistir al Sonobudoyo, un espectáculo de baile con historia, en el que nos dieron una hoja para explicarnos cada parte del baile tradicional.
Fue un momento muy bonito, con música en vivo, mucho color, trajes especiales, máscaras y mucho movimiento. Es un espectaculo que se divide en diferente escenas y van contando historias de la tradición javanesa.
Al salir, esa noche no teníamos incluida la cena, así que nos fuimos al McDonald’s que estaba muy cerca del hotel para degustar platos únicos, con colores diferentes y muy picantes. Pedimos una soda con helado, una hamburguesa negra y un plato de arroz con pollo y una salsa roja de color y sabor a fuego. Antonio lo pasó muy mal porque todo le picó muchísimo y agradeció la soda con helado, que calmaba la sensación de picante.
Luego caminamos hasta el hotel, donde nos dimos cuenta de que los jóvenes se sentaban en las aceras a cenar, hablar con sus amigos y jugar, algo que no habíamos visto hasta entonces. Ya en el hotel, a descansar, que al siguiente día nos esperaba un vuelo rumbo a Bali.
UBUD – Nuestro viaje a Indonesia I
Día 4
Nos despertamos pronto, desayunamos y emprendimos rumbo a Guwang, donde nos encontramos un templo junto a un cementerio hinduista, donde las personas son enterradas en la tierra con una piedra simbólica encima para saber que ahí se encuentra el ser querido. Los familiares le traen cosas que les gustaban en vida, como chuches, bebidas o comida especial, y las dejan encima de sus tumbas. Aunque parece que fuera basura, es una forma de recordar a sus seres queridos.
Justo enfrente de este sitio entramos a un espectáculo de baile llamado Guwang Barong & Keris Dance, donde nos dieron una hoja con la explicación de los bailes que íbamos a ver y qué personajes participaban.
Un espectáculo muy bien organizado, con todos los bailarines con trajes especiales que animaban a aplaudir y participar.
En ese momento encontré mi personaje favorito de la mitología balinesa: el Barong, que es el rey de los espíritus, líder de las fuerzas del bien y el protector supremo de los humanos.
Al terminar el espectáculo nos hicimos fotos con los bailarines y nos fuimos directos al mercado de Sukawati, donde vendían muchas cestas tradicionales, gorros y pulseras que representaban la unificación de los dioses hinduistas: el rojo a Brahma, el blanco a Vishnú y el negro a Shiva. Nos compramos unas cuantas pulseras y nos las pusimos. Luego conducimos hasta Goa Gajah, en Gianyar (Bali), también conocido como la Cueva del Elefante, que fue una ermita para los sacerdotes hindúes y fue construida en el siglo XI como santuario.
Hoy en día es un punto en el que los hinduistas realizan ritos especiales y un punto turístico para ver las grandes esculturas con chorros de agua, entrar en la cueva para ver la figura de Ganesha y espacios de rezo que conviven con la naturaleza, todo muy bien conservado y lleno de tranquilidad. Para entrar, tanto hombres como mujeres deben usar el sarong, y puedes elegir el color que más te guste.




Nos fuimos a la cascada de Tibumana. Para llegar hasta ella tuvimos que bajar por una montaña y cruzar varios puentes de bambú. Al llegar comprobamos que era un lugar precioso y muy natural, aunque era recomendable llevar escarpines porque, al ser el agua de color marrón por el barro, no se veía el fondo. Aun así, fue el sitio perfecto para darnos un chapuzón, refrescarnos y continuar el viaje. La verdad es que estas paradas ayudan mucho a sobrellevar el calor y la humedad que hace en Bali.
Al salir de la cascada volvimos montaña arriba para buscar un restaurante para comer y como no queríamos tener que movernos, comimos en un restaurante que estaba al aire libre y tenia columpios en los que estuvimos jugando antes de que llegará la comida. Y cuando nos asignaron una mesa, nos tocaba en una especie de cabaña individual sin zapatos y sentados sobre el suelo en el que todo se veia muy bonito porque estaba rodeado de plantaciones de arroz.
Al terminar de comer nos fuimos hasta el pueblo tradicional de Penglipuran, donde nos encontramos muchos turistas conociendo este sitio.
Era una calle llena de casitas tradicionales donde viven familias enormes de hasta casi 50 personas. Tienen altares y hasta puestos de productos artesanales hechos por ellos mismos.
La verdad, un paseo agradable por el pueblo, en el que aprovechamos para comprar las típicas flores que llevan las mujeres en la cabeza como tocado, y compré muchas, tantas que luego tengo una foto con mis compañeros de trabajo todos con una.
Volvimos al hotel agotados y encontramos mucho más tráfico. Conducen a su manera, adelantando y pasando por pequeños espacios, pero llegamos sanos y salvos a pesar de las muchas horas de carretera que aún nos esperaban. Una vez en el hotel encontramos un sitio donde nos proponían planes dentro del mismo hotel, una especie de talleres para aprender de su cultura, así que fuimos a apuntarnos a uno de cómo hacer comida tradicional para una fiesta hinduista.
Cenamos y nos fuimos a dormir para ir pronto al taller de comida tradicional antes de que nos recogiera nuestro guía.
KINTAMANI – TERUNYAN – Nuestro viaje a Indonesia I
Día 6
Nos despertamos, tomamos el desayuno y nos fuimos a las terrazas de arroz de Tegallalang, donde cada rincón era una fotografía excepcional. Todo estaba rodeado de un color verde intenso, con nidos para sentarte a apreciar las vistas y muchas figuras para hacerte fotos únicas, como corazones, cuevitas y mucho más.
Incluso vimos a muchas chicas haciéndose la típica foto del vestido eterno. En mi caso no soy mucho de esas cosas, pero es un punto ideal para hacerse esa típica foto de Instagram.
Terminada la sesión de fotos nos fuimos hasta el templo de agua de Tirta Empul, uno de esos templos que más nos llamaban la atención por conocer y del que habíamos visto muchos vídeos sobre cómo era esta experiencia. Al llegar nos dieron unos sarongs largos con un cinturón. Cada uno se dirigió al vestuario para cambiarnos y vestirnos apropiadamente para el sitio. Por debajo nos pusimos el bañador y, con las instrucciones del personal, nos colocamos correctamente el sarong: en mi caso en forma de vestido y el de Antonio como una falda.
Cuando ya estábamos vestidos, nuestro guía nos dio unas ofrendas e incienso para hacer la ofrenda antes de entrar al templo. Fue un momento muy especial y espiritual. Cerramos los ojos y pedimos por nuestro viaje y por nuestras familias, y luego ya pudimos entrar. Las sandalias las dejamos en un lado especial (una montaña de sandalias) y empezamos el rito, que consiste en entrar a una especie de piscina natural en la que cada chorro de agua tiene un propósito y se pasa por todos menos por dos, que son para los seres queridos que ya no están con nosotros.
Hicimos el rito pasando por la primera piscina y, al salir a la segunda, tocaba esperar una fila para hacer el rito final. Esperamos con calma y pasamos por este chorro de agua también. Mientras hacíamos la fila conocimos a Stephania, una chica peruana que vive en Barcelona, y nos hicimos amigos. Intercambiamos números y quedamos en cenar juntos más tarde.




Terminamos los ritos, nos cambiamos y nos fuimos hacia la parte de atrás del templo, donde estaban los creyentes organizando una gran fiesta con flores, comida, decoración, ofrendas y trajes tradicionales. Un festival de colores y alegría, en el que pudimos ver cómo empezaban a organizarlo todo. No nos pudimos quedar a verlo porque teníamos una cita para conocer una tradición que conecta la muerte con la naturaleza.
Nos fuimos por carretera en búsqueda del cementerio de Terunyan, al que, después del viaje en coche, era necesario llegar en una embarcación. Fue una excursión agotadora, pero que disfrutamos mucho porque ver este cementerio era una excursión extra que habíamos elegido para conocer cómo una comunidad enterraba a sus seres queridos en plena intemperie, a la sombra de un árbol sagrado, al que les llevan todo aquello que consideran necesario para su vida después de la muerte.
Una vez llegamos fue impactante y, a la vez, muy respetuoso. No había apenas personas, tanto que éramos solo nosotros tres (el guía, Antonio y yo) viendo el cementerio, donde había tres cuerpos a los que lo único que les cubría era una especie de casa de bambú.
A su alrededor los cuerpos tenían todo tipo de productos de higiene, comida, dinero y hasta sus cosas favoritas en vida. El sitio no olía a nada, solo se veía algo sucio debido a las ofrendas, al viento y a los animales que vienen a comérselas. Y una vez los cuerpos pasan a un grado de descomposición que solo quedan los huesos, los separan y ponen los cráneos apilado debajo del árbol y habían dejado ofrendas de billetes y monedas en sus ojos y nariz.
💡 TonyFact: Árbol de muertos
También vimos, fuera del cementerio, que varios científicos han estudiado por qué el árbol absorbe los olores y ayuda en la descomposición del cuerpo, y que han intentado plantarlo en otras partes del mundo sin éxito. Todo un sitio lleno de misterio y mucho respeto por la manera en que le dicen adiós a sus seres queridos.
Volvimos a la embarcación que nos llevó hasta la orilla para ir por carretera hasta uno de los miradores del Batur y disfrutar de una plantación de café local, el famoso café de civeta.
Llegamos a un mirador precioso donde nos enseñaron cómo vivían las civetas, el proceso del café, la limpieza, nos pusieron hasta a molerlo y finalmente a probarlo. No somos muy cafeteros, pero no íbamos a dejar de probarlo.
Nos trajeron una gran variedad de tés y cafés, e incluso nos dieron una lista para evaluar cuál nos gustaba más. Hicimos toda una cata de bebidas y nos divertimos un rato aprendiendo de sus sabores y olores. Antes de irnos compramos un par de cafés y tés deliciosos para traer a casa como souvenirs.
Y, como si el día no hubiera sido ya demasiado largo, aún nos faltaba una parada más para conocer el templo de Gunung Kawi, dedicado al dios del agua, en el que se encuentran enterrados los miembros de la familia real.




Fue una parada más pausada y monumental porque, literalmente, tallaron la roca de la montaña para hacer unas monumentales tumbas que se encuentran rodeadas de arrozales y estanques de agua con enormes chorros en los que nadan peces naranjas con total tranquilidad. Dimos un paseo corto y ya teníamos ganas de volver al hotel para descansar y así recuperar fuerzas para el siguiente día.
Sin embargo, habíamos quedado con la amiga que conocimos en Tirta Empul y nos reunimos a cenar en uno de los restaurantes céntricos de Bali, donde pasamos la noche riéndonos entre anécdotas de amor y desamor. A día de hoy seguimos manteniendo el contacto y siempre comentándonos fotos de viajes tan auténticos como este.
KARANGASEM Y GIANYAR – Nuestro viaje a Indonesia I
Día 8
Nos despertamos con el bañador puesto porque nos íbamos a disfrutar del mar, el sol y la calma en la playa de Virgin Beach, en Bugbug, que, al llegar justo después de desayunar, pudimos disfrutar solo para nosotros.
Allí apenas los pequeños barcos pesqueros se alistaban para salir en busca de peces. Nos bañamos, tomamos fotos, disfrutamos de la paz y nos relajamos hasta que nos pusimos a buscar cangrejos.
Después de pasar la mañana en este espacio de calma nos cambiamos y nos dirigimos hacia los palacios de agua de Tirta Gangga y Taman Ujung, donde pudimos ver grandes estanques de agua con templos blancos, pasillos eternos y hasta un juego de caminos sobre el agua, donde los peces se acercaban mucho en busca de comida. Hicimos unas fotos espectaculares y este sitio sí que era mucho más turístico, por lo que entre el potente sol y la multitud agobiaba un poco.




Justo fuera de los templos nos encontramos con una tienda de mascotas inusuales, donde tenían grandes serpientes, roedores, peces y hasta tortugas enormes. Allí pudimos apreciar muchos de estos animales y hacernos un par de fotos con el peso de una gran serpiente amarilla. La cual al ponerse sobre el cuello, empezaba a contraerse como si fueras su comida, una sensación muy inusual.
Continuamos nuestro viaje a uno de los puntos más visitados de esta zona y uno de los que más salen en Instagram por ser el lugar donde se hace la famosa foto en las puertas de un templo que, aparentemente, abajo tiene un lago. Y, cómo no, íbamos a ir. Así que nos fuimos al templo de Lempuyang, donde tuvimos que subir, ponernos un sarong y, con la entrada, nos asignaron un turno para hacernos la foto. Primero hicimos un recorrido por el monumento, que es uno de los nueve templos principales de Bali, dedicado al Dios de la Paz, y cuyo nombre significa Luz (Lempu) Sagrada (Hyang).
Luego de las explicaciones y de disfrutar de una vista preciosa, nos fijamos en que teníamos un turno para el que, como mínimo, debíamos esperar tres horas. Así que nuestro guía sacó sus dotes de negociador e intercambió los turnos con un grupo que no iba a esperar tanto, reduciendo la espera a una hora. Aprovechamos para irnos a tomar algo con calma y allí conocimos a dos azafatas de cruceros colombianas que estaban haciendo turismo porque el crucero había hecho una parada en la isla de Bali y así aprovechaban su tiempo libre.
Al terminar de tomar lo que habíamos pedido nos fuimos a la zona de espera para hacernos la foto. Esperamos con calma entre muchas personas hasta que por fin nos llamaron. Listos, con el móvil en la mano, se lo entregamos a los profesionales y nuestro guía, con otro móvil, también se dispuso a hacer la foto.
Para sorpresa de muchos, el lago no existe: usan un espejo para que se reflejen las puertas del templo y las personas fotografiadas. Posamos como todos unos profesionales, con poses ensayadas que aprendimos durante el tiempo de espera al ver a otras personas hacerse esta foto. Es una experiencia divertida, pero hay que tener ganas de esperar.




Con la foto en mano y publicada en redes sociales, continuamos rumbo a Denpasar porque necesitábamos pasar la noche cerca de donde salen los barcos rumbo a Nusa Penida y así despertarnos pronto pero sin tener que correr. Así que pasamos la tarde conduciendo y luego, en el hotel, aprovechamos para comer un delicioso pescado frito y un calamar a la plancha, todo buenísimo y con un sabor inolvidable.
ULUWATU – Nuestro viaje a Indonesia I
Día 10
En la mañana, después de un gran desayuno, nos fuimos a la playa de Jimbaran, donde pudimos disfrutar de la tranquilidad para leer y darnos un baño con toda la calma. Nos gustó mucho que primero pudimos apreciar desde lo alto de una montaña las vistas y luego bajar a la playa; era como tener dos perspectivas del mismo sitio.
Disfrutamos de conocer otras playas como la de Balangan, que era más la típica playa paradisíaca que esperas disfrutar en Indonesia, y luego fuimos a la playa de Suluban, que no pudimos disfrutar tanto porque la marea estaba un poco alta en esa zona, ya que es una playa que llega a una especie de cueva. Por ello, nos movimos hasta Pecatu, una playa mucho más divertida porque había traviesos monos que te robaban la comida y las pertenencias.
Así que tuvimos que estar muy atentos todo el tiempo para que los monos no quisieran hacernos travesuras. Es más, para poder darnos un baño tuvimos que encargarle a otra turista el cuidado de nuestras cosas, porque si no era imposible. Una experiencia muy diferente a la playa calmada que te esperas, pero muy divertida, porque puedes ver a los monos literalmente divirtiéndose con las maniobras que hacen los turistas para que no les roben.




Nos encantó la playa; fue muy relajante. Un consejo fundamental: llevar escarpines, porque son necesarios para evitar alguna piedra y poder moverse con mayor facilidad entre las playas y los accesos, que suelen implicar bajar varias escaleras. Después de pasar toda la mañana poniéndonos morenos y guapos en la playa, nos quitamos por fin el bañador y nos volvimos a vestir, porque por la tarde nos esperaba una aventura con más monos.
Después de comer nos dirigimos hasta el templo de Uluwatu, donde nos pusimos un sarong para poder entrar y, una vez dentro, apreciamos que estaba ubicado sobre un imponente acantilado, precioso para hacer fotos desde cualquier ángulo. Sin embargo, había que estar muy atentos para que los traviesos monos no te robaran. Vimos todo tipo de robos: gafas, gorras, comida, bebidas e incluso intentos de abrir mochilas de los turistas. Nosotros, que ya veníamos más que advertidos de la situación, estábamos preparados, pero aun así no dejaba de ocurrir que un mono se acercara demasiado o estuviera desde un árbol esperando a que te distrajeras para robarte.
Compramos un par de botellas de agua para los monos y era sorprendente ver cómo las abrían y luego las dejaban cerca de las papeleras. Todo un espectáculo verlos convivir y disfrutar de sus travesuras. Nuestro guía se quedó haciendo la fila a la sombra para entrar más tarde a un espectáculo, mientras nos mandó a explorar el templo con calma. Vimos muchos monos e incluso uno blanco que, debido a su color, estaba aislado porque los demás lo atacaban.
Después de hacer fotos y estar atentos a las locuras de los monos, nos reencontramos con nuestro guía, que ya había hecho amigos en la fila: una pareja de malayos que hablaban muy bien inglés y tenían curiosidad sobre nuestro viaje. Fue divertido hablar con ellos y esperar al atardecer. Incluso a uno de ellos le robó un mono su gorra nueva y se la dañó completamente; la recuperó, pero ya no estaba tan bonita como cuando llegó al templo.




De un momento para otro, la fila fue invadida por indios y chinos que se querían colar, a pesar de que nuestro guía, los malayos y nosotros llevábamos más de una hora esperando. No lo permitimos y nos mantuvimos firmes en nuestra posición. Ya en un tumulto de personas queriendo entrar al espectáculo, nuestro guía le dijo a uno de los encargados de la puerta que necesitaba ir al baño y luego se quedó dentro gestionando la logística del evento.
Nos dio mucha risa porque ahora se había convertido en un organizador del espectáculo: guiaba a las personas a la salida, organizaba las entradas y nosotros viéndolo todo desde la fila. Eso sí, cuando entramos, ya nos tenía el sitio ideal para ubicarnos. Esperamos a que todos terminaran de entrar y empezó el show con una puesta de sol hermosa, con los brillos del mar de fondo y una llamarada de fuego en el centro del escenario, en el que comenzó la danza del fuego Kecak, en la que los bailarines hacen sonidos muy especiales y todo el espectáculo gira en torno a Hanuman, el dios mono.




Un espectáculo que se debe ver por lo menos una vez en la vida, porque es un encuentro de música, trajes típicos, máscaras, danza, olores, fuego y misterio, ya que cada escena representa una batalla entre el bien y el mal. Una noche mágica, resumiría, porque volvimos al hotel emocionados de todo lo que vimos y de las aventuras de los monos.
Al volver al hotel, la aventura la seguimos solos porque esa noche nos fuimos a comprar comida en los restaurantes cercanos. Nuestro plan era comer algo más local, pero no fue posible debido al tráfico; llegamos muy tarde y tuvimos que ir a la única opción abierta: una especie de KFC que nos valió poquísimo y en el que comimos bastante. Eso sí, atravesamos calles y negociamos en un inglés que nadie entendía porque no hablaban inglés los que atendían, así que entre señas y gestos lo logramos. Volvimos al hotel a descansar de este gran día.
*Si te ha gustado esta primera parte, no dejes de leer la segunda parte de nuestro viaje Indonesia II:
Nuestro viaje a la Indonesia I
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