Nuestro viaje a la India I

Redacción y sabiduría: Alice
Anotaciones y edición: Antonio

La India fue nuestro primer viaje a Asia, un destino que para muchos puede parecer un riesgo, pero para nosotros fue un sí rotundo desde que empezamos a investigarlo. Nos fascinó todo desde sus dioses, la religión, los animales, la comida, la cultura, los bailes y, por supuesto, el Taj Mahal. Eso sí, Antonio ya sospechaba que quizá lo estábamos idealizando un poco y que la realidad social nos iba a impactar (spoiler fue mejor de lo que nos esperábamos).

Organizarlo por libre era complicado por la magnitud del país, así que optamos por un viaje organizado, y fue una gran decisión, porque vimos muchas maravillas, descansamos y nos sumergimos a su forma de entender el mundo. Viajamos a finales de octubre, una de nuestras épocas favoritas para recuperar fuerzas para lo que queda de año y porque es temporada baja, consiguiendo mejores precios y espacios más vacíos.

Tras comparar muchas agencias, conseguimos cerrar un itinerario que, además del Triángulo de Oro, incluimos la ciudad de Benarés, algo imprescindible para nosotros. Después llegó nuestra parte favorita, que es aprender de la historia, documentarnos, ver vídeos y empezar a vivir el viaje desde casa, anticipando cada detalle y apuntando dudas para resolver durante el viaje.

El viaje fue tan increíble que hemos reunido aquí todo lo que hicimos día a día:

Para disfrutar completamente el artículo recomendamos leerlo completo . Pero si no tienes tiempo o solo te interesa una sección, puedes ir directamente haciendo clic en su título 🖱️(nos caerás un poco peor, pero no pasa nada).

Día 1 – 2

Día 3

Día 4

Día 5

Día 6

Día 7

Día 8

Parte 2

¿Quieres que te ayudemos? ✉️

Si estás organizando un viaje a India y te gustaría hacerlo igual o similar al nuestro, contáctanos y te ayudamos a organizarlo para que disfrutes al máximo del país. Nosotros lo hicimos de forma organizada y la experiencia fue inmejorable. Te acompañamos en todo el proceso para que vivas una experiencia relajada y sin preocupaciones, olvidándote de horarios, transporte, entradas, comidas o de pasar horas comparando opciones.

Te dejamos aquí el resumen de nuestro Viaje a India en 17 días:

Vuelo + Qatar (escala) – Nuestro viaje a la India I

Día 1-2

Empezamos nuestro viaje en Madrid con una gran carpeta de documentos y todo impreso. En la aerolínea nos permitían viajar con dos maletas grandes, dos de cabina y dos mochilas, más que suficiente para dejar espacio para traer todo tipo de souvenirs que se nos fueran cruzando en el camino durante todo el recorrido.

Hicimos escala en Qatar, que justo coincidió con el Mundial de Fútbol de 2022, por lo que fue imposible salir del aeropuerto para conocer la ciudad. Se requería tener una entrada para uno de los partidos y los precios eran bastante elevados como para comprar una que no íbamos a utilizar solo por conocer la ciudad.

Nuestro viaje a la India - a2travelers
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Así que, después de casi 7 horas de vuelo hasta Qatar, en el que por supuesto Antonio no dejó dormir, sino que quiso dedicar parte del tiempo a leer la guía de la India y ver un documental que nos había quedado pendiente. El aeropuerto de Qatar nos sorprendió por su decoración y tamaño, a pesar de que aún estaba, en varias zonas, en construcción y reparación para recibir a millones de aficionados al fútbol.

Hicimos turismo dentro del aeropuerto. Vimos marcas de lujo, tiendas con una decoración muy original y precios desorbitados, como un Red Bull a 6 € o más. También nos llamó la atención que, nada más utilizar los aseos, alguien entraba rápidamente para dejarlos impecables de nuevo. Había decoración haciendo alusión al Mundial de Fútbol en cada esquina, coches de lujo y, lo más curioso, tiendas de venta de joyas de oro al peso, donde lo importante no era el diseño, sino la cantidad de oro que contenían.

La escala se nos hizo corta y tomamos nuestro siguiente vuelo rumbo a Delhi, que aprovechamos para intentar ver alguna película y descansar. Cuando llegamos a Delhi era de noche. Recogimos las maletas y, antes de salir, nos fue necesario rellenar unos formularios, por lo que recomendamos incluir un bolígrafo 🖊️ en la mochila, porque si no tienen que esperar a turnarse el bolígrafo con el resto de pasajeros de los vuelos que acaban de llegar.

Nuestro viaje a la India - a2travelers
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Al terminar el papeleo, salimos del aeropuerto y nos recogió nuestro guía de viaje, Natware. Durante el recorrido desde el aeropuerto hasta el hotel, todo brillaba mucho porque las casas estaban decoradas por la celebración del Diwali, también conocido como el Festival de las Luces. Fue una bienvenida preciosa, ya que la ciudad resplandecía de una manera mágica, casi como la Navidad en Colombia, llena de luces en ventanas, puertas y balcones.

Cuando llegamos al hotel estábamos agotados, así que no recuerdo muy bien cómo era, pero sí que dormimos profundamente para levantarnos con todo el ánimo y comenzar nuestro primer día de turismo.

Delhi Mandawa – Nuestro viaje a la India I

Día 3

Por la mañana conocimos a nuestras dos compañeras de viaje, una madre e hija sevillanas, con muchos kilómetros recorridos y un sinfín de anécdotas que compartir. Después de desayunar en un enorme buffet, nos dispusimos a comenzar nuestra primera jornada de turismo y descubrir por fin la ciudad a plena luz del día.

Nada más salir, sentimos el caos característico de Delhi, rodeados de tuk-tuks, motos, coches y personas moviéndose en todas direcciones. No en vano estábamos en uno de los países más poblados del mundo. Pero, más allá del bullicio, lo fascinante era el espectáculo de colores que inundaba las calles. Mujeres vestidas con sus tradicionales saris y hombres que, aunque intentan adoptar un estilo más occidental, mantienen algunos elementos de la vestimenta tradicional y lucen el bindi de color rojo o amarillo en la frente.

Nuestra primera parada fue Jama Masjid, inaugurada en 1656 y considerada la mezquita más grande e importante de la India. Su imponente color rojo destaca desde la distancia. En la entrada, las mujeres tuvimos que ponernos una especie de túnica floral de color naranja antes de acceder al recinto. Una vez dentro, el ruido de la ciudad desapareció por completo. Los cláxones quedaron atrás y el ambiente se llenó de respeto y tranquilidad.

Al acercarnos al edificio principal comenzó algo que nos acompañaría durante gran parte del viaje, las peticiones de fotos. Madres con sus hijos se acercaban para fotografiarse con nosotros y grupos de jóvenes hacían cola para hacerse un selfie. Nos sentíamos como auténticas estrellas de cine sin entender muy bien el motivo. (Alice: nuestro momento de fama había comenzado. Aparecían cámaras por todas partes y, como no, a mí me encantan las fotos, así que en todas y cada una de ellas abrazábamos y sonreíamos. No nos pidieron autógrafos, pero también los habríamos dado 🤭).

Nuestro viaje a la India - a2travelers
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Al preguntarle a nuestro guía, Natware, que nos acompañaría durante toda esta aventura, nos explicó que era algo bastante habitual, especialmente tras la reapertura del país después de la pandemia. Además, los indios son extremadamente curiosos y les encanta conocer gente. Por eso es normal que pregunten si estás casado, si tienes hijos, en qué trabajas o incluso cuánto ganas. Basta con una sonrisa y algo de paciencia para entender que forma parte de su cultura.

Después de nuestro primer momento de fama, continuamos la ruta hasta un impresionante templo sij llamado Gurudwara Bangla Sahib, de un blanco resplandeciente que brillaba bajo el sol. Allí nos encontramos con miles de creyentes que llevaban ofrendas para entregarlas ante el libro sagrado. En el interior no está permitido hacer fotografías y tanto hombres como mujeres debimos cubrirnos la cabeza como muestra de respeto. Nos unimos a la fila con nuestra ofrenda y pronto nos vimos envueltos por la emoción del lugar.

💡 TonyFact: El Libro Dios

En la mayoría de las religiones, los libros sagrados se guardan en estanterías pero para los Sijs, su libro sagrado, el Guru Granth Sahib, no es solo un texto, es una persona viva. Literalmente es el undécimo y último Gurú de su religión, y se le trata con el mismo protocolo que se le daría a un rey o a un profeta de carne y hueso.

Por la mañana, se le despierta con una ceremonia solemne y se le lleva en procesión sobre los hombros de los fieles hasta un trono bajo un palio de seda. Durante el día, se le abanica constantemente con un plumero de crin de caballo para que no pase calor y para espantar a las moscas, como se hacía con los marahajas. Por la noche el libro es retirado a descansar. Se cierra con delicadeza, se envuelve en mantas de seda y se lleva a su dormitorio privado para que duerma hasta el amanecer.

La devoción es tan real que en el Templo Dorado de Amritsar, el lugar más sagrado de los Sijs, el libro tiene su propio carruaje de oro para los traslados. Además, cualquier persona, sea de la religión que sea, puede entrar a visitarlo y comer gratis en su comedor comunitario. Eso sí, para estar en presencia del «Libro Gurú», es obligatorio cubrirse la cabeza y descalzarse.

En la mayoría de las religiones, los libros sagrados se guardan en estanterías pero para los Sijs, su libro sagrado, el Guru Granth Sahib, no es solo un texto, es una persona viva. Literalmente es el undécimo y último Gurú de su religión, y se le trata con el mismo protocolo que se le daría a un rey o a un profeta de carne y hueso.

Entre cánticos, incienso y el movimiento constante de los fieles, llegamos hasta la sala principal, donde el libro sagrado era abanicado mientras decenas de personas rezaban al unísono. Entregamos nuestra ofrenda al libro y entendimos que la emoción de los fieles era tal que, a pesar de los empujones y la multitud, te hacía sentir parte de su devoción. Al salir, nos recibió un gran estanque lleno de peces que reflejaba la belleza del edificio blanco.

Dentro del templo nos invitaron a visitar la enorme cocina comunitaria. El aroma de las especias nos envolvió al instante mientras observábamos a miles de personas sentadas ordenadamente en el suelo esperando para compartir la comida. Los sij mantienen este espacio para alimentar gratuitamente a cualquiera que lo necesite.

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Incluso nos invitaron a participar en el festín, pero nuestro ajustado programa apenas nos permitió ayudar a preparar naan, el tradicional pan indio (que, por cierto, está muy bueno y, con queso, aún mejor), y remover alguna de las gigantescas ollas de la cocina. Fue una experiencia preciosa y muy diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. Eso sí, a la cocina entramos descalzos, y andar descalzo 🦶🏼 es una sensación extraña, pero te une con el espacio en el que estás conviviendo.

Más tarde visitamos Raj Ghat, el emotivo monumento dedicado a Mahatma Gandhi. Entramos descalzos y aprendimos más sobre la vida del hombre que luchó por la paz y cuya imagen aparece hoy en todos los billetes de la India (razón por la que es fácil confundirse sobre qué billete usar para pagar 💶). Allí contemplamos la llama eterna que simboliza su legado, en un entorno tranquilo y lleno de respeto que invita a la reflexión.

Es importante aclarar que aquí no está enterrado Gandhi, sino que es un símbolo del lugar donde fue cremado y posteriormente, sus cenizas fueron entregadas a la naturaleza.

Dejamos atrás este lugar para dirigirnos a otro rincón cargado de historia, Qutub Minar, donde se alza el alminar de ladrillo más alto del mundo, con 72,5 metros de altura. Entre los jardines nos encontramos con simpáticas ardillas y, cómo no, con más personas que querían fotografiarse con nosotros.

A esas alturas ya estábamos agotados entre las caminatas, las horas de coche y la intensidad del día. Sin embargo, todavía nos quedaba una última parada, y la hicimos en un mercado local. Allí los colores eran fascinantes y la alegría de la gente resultaba contagiosa.

Recorrimos sus calles en tuk-tuk, atravesando estrechos callejones rodeados de antiguas viviendas, millones de cables colgando entre los edificios y una marea constante de personas que parecían moverse al ritmo frenético de la ciudad. Una forma perfecta de terminar nuestro primer día en la India.

Volvimos al hotel para darnos una ducha y prepararnos para cenar. En la cena, Antonio aprovechó para no dejar ni un solo plato sin probar, y en cada bocado evaluaba si picaba poco, medio o demasiado. Dependiendo de su respuesta, me arriesgaba yo a probarlo también. La verdad es que toda la comida india está muy buena, pero hay que tener cuidado con el picante para no terminar llorando. Así terminó la cena y nos fuimos a dormir, porque, como siempre, tocaba madrugar para nuestro siguiente día de turismo.

MANDAWA – BIKANER – Nuestro viaje a la India I

Día 4

Nos despertamos pronto para desayunar y emprender nuestro viaje por carretera hacia Mandawa. Al salir de Delhi descubrimos una cara muy diferente de la ciudad, con grandes edificios, sedes de empresas tecnológicas y modernas avenidas. Poco a poco, el paisaje fue cambiando y dejamos atrás la gran ciudad para adentrarnos en la India más rural, con pequeñas casas, campos abiertos y vacas 🐄 que parecían gestionar el tráfico mejor que cualquier agente de policía, creando auténticas rotondas improvisadas a su alrededor.

Las horas de carretera se hicieron mucho más amenas gracias a nuestras compañeras de viaje. Entre historias, anécdotas y experiencias acumuladas durante años recorriendo el mundo, fuimos conociéndonos mejor y compartiendo nuestras distintas formas de viajar. Sin duda, aquellas conversaciones hicieron que el trayecto pasara mucho más rápido.

Algo que nos llamó la atención durante el camino fueron los constantes pitidos. En India, el claxon parece formar parte de la conducción. En lugar de utilizar los intermitentes para indicar una maniobra, los conductores pitan para avisar de prácticamente cualquier acción. Nosotros solo escuchábamos el mismo sonido una y otra vez, por lo que todavía nos preguntamos cómo consiguen entenderse entre ellos y evitar accidentes.

💡 TonyFact: El Pito Indio

En occidente, tocar el pito del coche es sinónimo de enfado o estrés. En India, el claxon es una herramienta vial, tan necesaria como el volante o los frenos.

Si te fijas en la parte trasera de los camiones, verás casi siempre una frase pintada con colores brillantes: «HORN OK PLEASE». No es una sugerencia, es una invitación. En un país donde los espejos retrovisores suelen ir plegados para que no se rompan en los callejones estrechos, tocar el claxon es la forma de decir: «Eh, que estoy aquí, te voy a adelantar por la derecha/izquierda/arriba».

El tráfico en la India es un caos organizado que fluye gracias a una banda sonora constante. Hay pitos cortos para saludar, pitos largos para avisar en una curva sin visibilidad y pitos rítmicos que son casi una conversación. Es un ecosistema sonoro que, aunque parezca desesperante al principio, tiene sus propias reglas de cortesía.

La obsesión por el claxon es tal que algunas marcas de coches publicitan modelos para el mercado indio con claxon más resistentes, diseñados para ser pulsados miles de veces.

En occidente, tocar el pito del coche es sinónimo de enfado o estrés. En India, el claxon es una herramienta vial, tan necesaria como el volante o los frenos.

Al llegar a Mandawa nos encontramos con una ciudad que reflejaba claramente un pasado de prosperidad y actividad comercial. Hoy en día, muchas de sus antiguas mansiones se han convertido en museos y forman parte de los principales atractivos turísticos de la ciudad.

Admiramos los famosos havelis, las antiguas casas señoriales de los mercaderes, y paseamos por sus calles observando las impresionantes fachadas decoradas.

Cada haveli parecía contar una historia distinta. Algunas conservaban una decoración espectacular con muebles antiguos, juguetes y objetos curiosos que transportaban a otra época.

Muestras de estas casas tenian en los techos pinturas que mostraban como se vestían los europeos y sus costumbres, para que así las personas del pueblo supieran como era ese otro continente. Otras mostraban las huellas del tiempo, con paredes desgastadas y rincones que poco a poco van cediendo ante el paso de los años.

Al caer la tarde subimos a una de estas mansiones para contemplar la puesta de sol, y allí vivimos una de las anécdotas más divertidas del viaje. Yo (Alice) quería hacerme una foto con una bandera de la India y salí corriendo emocionada para encontrar el mejor lugar. La mala suerte quiso que, justo en ese momento, una paloma también se emocionara y decidiera dejar su recuerdo sobre mí. Lo mejor de todo es que la foto estaba hecha en formato Live Photo, por lo que quedó grabado todo el acontecimiento. A día de hoy sigo teniendo la foto que quería, aunque con un extra inesperado.

Esa noche nos alojamos en un hotel espectacular. Nos recibieron con té, música tradicional y una lluvia de pétalos de flores que caían desde los balcones de la entrada.

Parecía una escena de película, pero era completamente real. Eso sí que es un recibimiento especial (años más tarde copiamos esta idea para replicarla en nuestra boda al estilo indio 🌸).

No tardamos en salir a explorar cada rincón del hotel. Tenía pasadizos, una biblioteca, enormes salones decorados con figuras de dioses y detalles arquitectónicos que no habíamos visto antes. Después de recorrer el hotel entero, decidimos darnos un baño en la piscina. Nos sorprendió que no hubiera nadie más utilizándola, pero aun así disfrutamos de un rato de descanso antes de que llegara la hora de la cena.

Durante la cena asistimos a un espectáculo de marionetas tradicionales. Los títeres parecían pequeñas personas bailando al ritmo de la música en directo y nos encantó. Tanto nos gustaron que decidimos comprar uno como recuerdo. El vendedor insistía una y otra vez en que debíamos llevarnos la pareja completa, es decir, comprar dos, pero nosotros estábamos convencidos de que simplemente intentaba vender más.

Nuestro viaje a la India - a2travelers
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Años después descubrimos que, efectivamente, las marionetas tradicionales se venden en pareja y que forman parte de una misma historia. Sin saberlo, provocamos el divorcio de nuestro souvenir, que todavía hoy permanece en nuestra finca preguntándose dónde estará su compañera de baile.

Otro detalle curioso del hotel era que la puerta de la habitación se cerraba con un candado en forma de búho. Durante toda la estancia estuvimos pendientes de no perder la llave porque, literalmente, si desaparecía, tendrían que venir a romper el candado para abrir la puerta. Nos gustó muchísimo este lugar. Fue un auténtico punto de descanso dentro del viaje, ya que al día siguiente nos esperaban más horas de carretera, nuevas aventuras y otro rincón fascinante por descubrir en la India.

Una anécdota extra: durante las horas de coche el aire acondicionado iba siempre a tope, por lo que nos cubríamos con el único abrigo que habíamos llevado. Llegó a tal punto que aquella noche tuvimos que hacer una expedición hasta la farmacia porque me resfrié. A oscuras nos fuimos en busca de una farmacia y, por el camino, nos encontramos con una vaca que parecía saludarnos, varios perros callejeros e incluso una boda llena de música y luces.

Al llegar, nos vendieron medicamentos para el resfriado y el dolor de garganta por unidades, todo ello en un perfecto juego de señas y gestos para entendernos y averiguar cuánto debíamos pagar, ya que en los pequeños pueblos el inglés no era una opción.

BIKANER – JAISALMER – Nuestro viaje a la India I

Día 5

Temprano, después de desayunar, emprendimos viaje rumbo a Bikaner. Nuestra idea era llegar pronto a la ciudad para hacer turismo, pero decidimos hacer una parada muy deseada para conocer el Karni Mata Temple, el famoso templo de las ratas. Esta parada no estaba incluida en nuestro viaje, pero nos apetecía mucho conocer este lugar tan auténtico y a unos habitantes tan curiosos como los roedores, que en muchos lugares de Occidente son tan odiados.

Primero convencimos a nuestras compañeras de viaje de hacer la parada, ya que, por un pequeño extra, conoceríamos un templo único. Digamos que el dinero no fue el problema; era más el miedo a las ratas lo que las echaba para atrás. Pero lo logramos. Llegamos al templo y las ratas salieron a saludarnos. Estaban por todas partes. No hacía falta preguntar si habíamos llegado, porque ya las veíamos dando saltos por todo el lugar.

Compramos comida, nos preparamos con nuestros calcetines especiales (unos que luego tiramos a la basura), dejamos los zapatos en un lugar especialmente vigilado por un señor y por las ratas, que saltaban encima del calzado de todos los turistas. Nos adentramos en el templo, donde los locales entran descalzos e incluso besan el suelo en honor a sus antepasados, porque se cree que fue construido en honor a Karni Mata, una santa del siglo XIV venerada como la encarnación de la diosa Durga. Su historia está ligada a la leyenda de la reencarnación de sus seguidores en roedores sagrados.

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💡 TonyFact: 25.000 ratas

Si tienes miedo a los roedores, el templo de Karni Mata no es para ti, pero para los locales es uno de los lugares más sagrados. Aquí, las ratas no son una plaga, son su familia.

La leyenda cuenta que Karni Mata, una encarnación de la diosa Durga, pidió al dios de la muerte, Yama, que reviviera a su hijo. Cuando Yama se negó, ella decidió que todos los miembros de su casta no morirían, sino que se reencarnarían temporalmente en ratas antes de volver a nacer como humanos “robándole” sus almas a Yama.

Hoy en día, más de 25.000 ratas negras viven en el templo y los fieles les llevan leche y comida puesto que creen que son sus antepasados reencarnados como roedor.

Entre los miles de ratas negras, existen unas pocas ratas blancas que se cree son las manifestaciones directas de la propia Karni Mata y sus hijos. Si consigues ver una en el templo, ¡tienes asegurada la buena suerte de por vida!

Eso sí, ten cuidado por donde pisas ya que si matas a una rata, las leyes del templo te obligan a reemplazarla por una estatua de rata de tamaño real… hecha de oro macizo.

Si tienes miedo a los roedores, el templo de Karni Mata no es para ti, pero para los locales es uno de los lugares más sagrados. Aquí, las ratas no son una plaga, son su familia.

Una vez dentro huele a pis de rata, algo que es completamente normal, pero es un olor soportable y se ve a muchas personas limpiando y alimentándolas. Son ratas libres 🐀, por lo que se las ve en muy buen estado y bien alimentadas, ya que todos les llevan comida como ofrenda. Nosotros alimentamos a unas cuantas, tocamos a varias y luego tuvimos la suerte de encontrarnos con una rata blanca tomando leche. Se dice que, si ves una rata blanca, tendrás suerte en la vida.

Al salir del templo nos cambiamos de calcetines y nos pusimos los zapatos para vivir una de las experiencias que mejor describen la India tradicional. Nos acercamos a un puesto de té para tomarnos un té (claramente 😅) y nuestro guía le entregó una botella de agua al vendedor para que nos lo preparara. El señor puso el agua a calentar, molió el jengibre con las manos y añadió un montón de hierbas mientras estaba descalzo, haciendo con sus piernas haciendo el número cuatro. Todo ocurría al mismo tiempo, una vaca pasaba buscando algo que comer, las ratas aprovechaban cualquier resto que encontraban en el suelo y una abuela con su nieto nos pedían hacerse una foto con nosotros.

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Si ese fue nuestro momento más “estoy en la India”, sintiendo lo que te esperas de un lugar tan mágico donde todo puede ser sagrado si se cree en ello. Sin lugar a duda nos encantó el templo y, a donde vamos, lo hemos ido contando. De momento, ningún amigo se ha animado a visitarlo, ya que con solo decir que hay ratas lo descartan directamente de su itinerario de viaje.

Luego seguimos nuestro viaje original hasta Bikaner para visitar el fuerte Junagarh Fort, un complejo monumental construido con arenisca roja que combina los estilos arquitectónicos de diferentes culturas que han pasado por el país. En su interior encontramos salas de diferentes colores y celosías con distintas formas geométricas. Allí nos contaron cómo eran las celebraciones y el propósito del fuerte. También había un museo con armas antiguas, pinturas en miniatura, joyas y hasta un biplano ✈️ de la Primera Guerra Mundial.

Un sitio curioso, aunque la parte de las armas nos aburrió un poco porque había demasiadas. Aun así, el conjunto del fuerte resultaba impresionante y nos permitió seguir imaginando cómo era la vida entre sus muros siglos atrás. Al terminar, volvimos al transporte para dirigirnos al hotel, ya que estábamos bastante agotados después de la visita y con ganas de llegar, cenar y descansar bien antes del siguiente día de viaje.

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JAISALMER – Nuestro viaje a la India I

Día 6

Nos levantamos pronto rumbo al Fuerte de Pokaran, de un color rojo y muy bien conservado. Dentro paseamos por sus laberintos de pasillos y escaleras que conectan con grandes salones, habitaciones y jardines. También vimos a personas abanicando a los dioses y por un par de monedas, tú también puedes hacerlo; es una manera curiosa de cuidar a las deidades y demostrarles que les importan.

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Allí estuvimos durante la mañana, lo que nos permitió disfrutarlo con calma, ya que no había tantos turistas ni locales, era casi como si el lugar fuera solo para nosotros. Al terminar la ruta por el fuerte nos dirigimos rumbo al hotel para dejar las maletas y comer. En el camino, el paisaje cambió por completo y nos adentramos en el desierto de lado a lado. Además, vimos mucha más presencia de seguridad militar, ya que nos estábamos acercando a la frontera con Pakistán.

El hotel parecía un escenario de la película de Aladín. Estaba muy bien decorado y desde su terraza podíamos ver la inmensidad del desierto. Nos fuimos a explorarlo: era enorme, tenía habitaciones gigantes dedicadas a los dioses, biblioteca, piscina y varios comedores. Un hotel espectacular en el que pudimos descansar, comer y seguir haciendo turismo. Recuerdo que Antonio, del buffet, se guardó comida para los perros callejeros y todos se pusieron muy contentos.

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Después de comer nos recogieron de nuevo para ir a ver Bada Bagh, un conjunto de cenotafios, es decir, tumbas vacías de nobles, antiguos maharajás y miembros de la familia real, ya que los maharajás hindúes son incinerados, por lo que se trata de una manera simbólica de recordarlos. La verdad es que es un sitio muy fotografiable y cargado de mucho arte. Allí nos sentamos a esperar la puesta de sol y disfrutar de su arquitectura.

Al volver al hotel nos encontramos con una fiesta. En el patio del hotel se estaban bailando danzas típicas e invitaban a los huéspedes a aprender. Fue muy divertido aplaudir e intentar bailar; nos gustó mucho y, además, la comida estaba deliciosa. Después de bailar nos fuimos a la piscina para refrescarnos y fue allí donde encontramos otra fiesta de estudiantes, muy divertida de ver porque bailaban como si todos conocieran la coreografía. Nos fuimos a dormir entre danzas y música.

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JAISALMER – JODHPUR – Nuestro viaje a la India I

Día 7

Nos levantamos pronto para desayunar y conocer la ciudad de Jaisalmer, famosa por su amplio desierto y por la cantidad de dromedarios. El día anterior, mientras conducíamos hasta la ciudad, en carretera nos encontramos con familias nómadas, viajando con sus dromedarios y también con una familia de dromedarios salvajes 🐫.

Al ser un desierto, el calor era mucho más intenso y hacía falta cubrirse para soportarlo (fundamental llevar algo para cubrirse la cabeza). Bien temprano, fuimos primero al lago Gadisar, un enorme aljibe donde destacan pequeñas edificaciones flotantes que son templos jainistas. Era un lugar muy tranquilo y, a las afueras, había música tradicional. Nos pareció una parada perfecta para empezar el día con energía antes de todo lo que nos esperaba por descubrir.

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Nos adentramos en la ciudad para caminar por calles llenas de locales y puestos comerciales. Vimos que vendían de todo desde perfumes, frutas, telas, souvenirs… había un poco de todo. También había edificios altos con una arquitectura única y ventanas completamente cubiertas de celosías. Entramos en varios pequeños templos para ver estatuas de Buda, representaciones en las paredes y monjes vestidos únicamente con una tela.

Una de las tiendas nos llamó especialmente la atención. Entramos y era un edificio enorme al que se accedía por unas estrechas escaleras que llevaban a salones enteros de souvenirs, de todos los tamaños, materiales y colores. Queríamos comprarlo todo, pero finalmente nos decidimos por unas manos de Fátima que, al abrirse, contenían a Ganesha y a su madre, la diosa Durga, en hueso de camello. Algo que jamás habíamos visto y que, por supuesto, hoy en día decora nuestro salón.

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Mientras caminábamos por las calles de la ciudad teníamos momentos para preguntarle sobre la cultura, vida y religión a Natware, que siempre tenía una sonrisa y una respuesta incluso para las preguntas más extrañas. Además, otro dato que había olvidado hasta ahora es que, en una de las paradas en la carretera, aprovechábamos para entrar en tiendas de souvenirs y compramos el único libro sobre dioses que estaba en español (porque todo lo demás esta en hindi). En las horas de carretera leíamos sobre sus dioses, lo que nos generaba preguntas muy curiosas.

En el camino también nos encontramos con jainistas, que tienen como principio la no violencia, llevan una vida de vegetarianismo estricto, el respeto por todos los seres vivos y la búsqueda de la liberación. También nos encontramos con un aghori, personas que han renunciado a todo y viven de lo que les ofrecen. Es un país que recibe a todas las religiones desde que tengan un principio de paz y armonía.

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Por la tarde nos dirigimos al desierto para dar un paseo en dromedario en las dunas de Sam. La verdad es que, a pesar de haberlo hecho más veces en la vida, siempre da una sensación de vértigo cuando el dromedario se levanta o cuando se sienta para dejarte bajar 🐫.

Nos fuimos juntos Antonio y yo en el dromedario, dando un paseo hasta el mejor sitio para ver la puesta de sol. El guía era un chico joven que hablaba muy bien inglés y nos contó que lo aprendió hablando con los turistas.

También, mientras esperábamos el atardecer, unos cantantes tradicionales nos acompañaron y tocaron durante casi una hora. Fue una escena muy bonita, el ver cómo caía el día con música, los dromedarios alrededor y nosotros tomando un té. Lo recuerdo y me da nostalgia pensar en qué escenas tan bonitas ocurren en lugares tan lejanos cada día.

Por la noche volvimos al hotel cansados de caminar, conocer y montar en dromedario, y con los zapatos llenos de arena del desierto. Estábamos tan agotados que no teníamos ni ganas de darnos un chapuzón en la piscina, preferimos cenar rápido e irnos a dormir.

JODHPUR – RANAKPUR – UDAIPUR – Nuestro viaje a la India I

Día 8

Después de desayunar, nos esperaba un día de conocer sitios y conducir hasta la ciudad de Udaipur, donde pasaríamos la noche. La primera parada la hicimos para conocer los famosos templos de Ranakpur, donde pudimos ver a los fieles llegar temprano para el rezo.

Nos quitamos los zapatos y nos adentramos en varios templos de diferentes colores y columnas. Lo más bonito era ver a las mujeres pasear por el templo con sus saris cargados de color y ofrendas de todo tipo de flores. Encontramos templos blancos, otros rojizos y otros que, con el brillo del sol, parecían ser multicolores.

En la carretera nos despedimos de los dromedarios, nos encontramos burros, monos, cabras y vacas, toda una variedad de animales de no dudamos en fotografiar, porque no son los animales usuales que te encuentras en un viaje en carretera en nuestros países, además de que todos son muy amistosos.

Nuestro viaje a la India - a2travelers
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Ese día fue especialmente caluroso. Usamos pantalón corto (les recomiendo comprobar cada día a qué sitios van a ir, porque en muchos no dejan entrar con pantalón corto). A los templos que visitamos por la mañana pudimos entrar más frescos y fue de agradecer 🥵. Las horas en carretera se hicieron cortas entre siestas y anécdotas, incluso hicimos una parada muy particular. En mitad de un pueblo de carretera nos encontramos una leyenda de una moto que es adorada:

💡 TonyFact: El Dios Moto

En el hinduismo hay miles de dioses y cultos pero este es uno de los más curiosos. En la carretera cercana a Jodhpur está el templo de Om Banna, más conocido como «Bullet Baba» donde los conductores se bajan del coche para rendir culto a una motocicleta Royal Enfield Bullet 350cc.

La historia parece de película. En 1988, un joven llamado Om Banna murió al chocar con su moto contra un árbol. La policía se llevó la moto a la comisaría, pero, a la mañana siguiente, la moto apareció de nuevo en el lugar del accidente. Pensando que era una broma, la policía volvió a llevársela, la encadenó y vació el depósito de gasolina. No sirvió de nada y al amanecer, la moto estaba otra vez bajo el mismo árbol. Al ver que volvía a casa sola, los locales entendieron que el espíritu de Om Banna seguía allí para proteger a los viajeros.

La devoción es tan real que las ofrendas son tan peculiares como la historia. En lugar de solo incienso, muchos fieles ofrecen botellas de whisky (la bebida favorita de Om Banna) vertiéndolas sobre la rueda delantera. Se dice que si pasas por esa carretera y no te detienes a presentar tus respetos, ¡tendrás un viaje lleno de mala suerte!

En el hinduismo hay miles de dioses y cultos pero este es uno de los más curiosos. En la carretera cercana a Jodhpur está el templo de Om Banna, más conocido como «Bullet Baba» donde los conductores se bajan del coche para rendir culto a una motocicleta Royal Enfield Bullet 350cc.

Cuando llegamos a Jodhpur nos fuimos hasta la fortaleza de Mehrangarh Fort, situada en una colina muy alta, donde nos picaron los mosquitos (porque olvidamos aplicarnos antimosquitos). Desde allí pudimos ver la ciudad con todas las fachadas pintadas de azul, conocida como la ciudad azul.

Nos gustó más la vista hacia la ciudad que la propia fortaleza, porque tenía muchas salas de armas y pocas cosas curiosas (les encanta tener fortalezas con armas). Si te gustan las armas, seguramente la disfrutes mucho, nosotros en cambio, estábamos simplemente picados por los mosquitos y bastante cansados.

Al terminar la visita a la fortaleza nos volvimos al coche hasta el hotel, donde después de una mañana calurosa nos duchamos y nos cambiamos de ropa, porque tras la comida nos dirigimos a una tienda de telas. Nos gustó mucho cómo exponían el trabajo de los artesanos, porque nos contaban sus historias, nos ofrecían algún aperitivo y té (eso sí, era opcional comprar). Pero cuando se viaja con Antonio, la palabra “opcional” desaparece.

Literalmente nos enamoramos de una tela que nos pareció ideal para nuestra casa. En aquel momento nos pareció que correspondía a un tamaño normal, sin tener en cuenta que nos encontrábamos en una bodega enorme y que para levantarla habían hecho falta dos personas.

Incluso cuando nos la dieron, los 3 kilos nos parecieron poco. No caímos en la cuenta de su verdadero tamaño hasta volver a casa en Madrid y empezar a desenrollarla, dándonos cuenta de que era igual de grande que una pared.

Esa noche el hotel era muy especial porque estaban celebrando una boda. Habían decorado varios salones con luces, flores y sus dioses. Nos acercamos a cotillear la decoración, las grandes mesas para los invitados y hasta los escenarios donde realizarían diferentes ritos y la música. Nos pareció todo muy bien organizado. También vimos a varios invitados con sus trajes especiales y, por más que intentamos ver a los novios, el cansancio nos pudo y preferimos descansar.

Una anécdota extra: este era uno de esos hoteles lujosos en los que nos quedamos y, en el comedor a la hora de la cena, no veíamos dónde estaba el naan. Al preguntárselo en inglés a uno de los camareros, nos hizo un gesto con la mano para que esperáramos y salió corriendo. Esperamos y, poco después, volvió con otra persona que sabía inglés para ayudarnos. Una anécdota curiosa, teniendo en cuenta que el inglés es lengua oficial.

*Si te ha gustado esta primera parte, no dejes de leer la segunda parte de nuestro viaje a la India II:

Nuestro viaje a la India I

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