Redacción y sabiduría: Alice
Anotaciones y edición: Antonio
Esto es la segunda parte de nuestro viaje a La India, si quieres conocer todo el viaje te recomendamos leer la primera parte que corresponde a los días del 1 al 8 en los que conocimos las ciudades de Delhi, Mandawa, Bikaner, Jaisalmer, Johpur, Ranakpur y Udaipur. Además, si estás muy interesado en conocer la mejor información para preparar tu próximo viaje a La India te recomendamos leer nuestra Guía Completa de La India.
Para disfrutar completamente el artículo recomendamos leerlo completo . Pero si no tienes tiempo o solo te interesa una sección, puedes ir directamente haciendo clic en su título 🖱️(nos caerás un poco peor, pero no pasa nada).
Día 9
Día 10
Día 11
Día 12
Día 13
Día 14
Día 15
Día 16
Día 17
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Si estás organizando un viaje a India y te gustaría hacerlo igual o similar al nuestro, contáctanos y te ayudamos a organizarlo para que disfrutes al máximo del país. Nosotros lo hicimos de forma organizada y la experiencia fue inmejorable. Te acompañamos en todo el proceso para que vivas una experiencia relajada y sin preocupaciones, olvidándote de horarios, transporte, entradas, comidas o de pasar horas comparando opciones.
Te dejamos aquí el resumen de nuestro Viaje a India en 17 días:
Día 1-8: Leer primera parte de nuestro viaje
Día 9: Udaipur
Día 10: Udaipur – Jaipur
Día 11: Jaipur – Amber – Jaipur
Día 12: Jaipur – Abhaneri – Fatehpur sikri – Agra
Día 13: Agra
Día 14: Agra – Delhi
Día 15: Benarés – Sarnath – Benarés
Día 16: Benarés > Delhi
Día 17: Delhi > España
UDAIPUR – JAIPUR – Nuestro viaje a la India II
Día 10
Nos levantamos preparados para ir a una auténtica feria india, no todos los días te ves en un país tan lejano yendo a una feria. Nos fuimos hasta la Pushkar Fair 2022, donde tiene lugar la mayor venta de ganado, camellos y caballos del país.
Nuestro guía nos preparó mentalmente, porque nos aconsejó estar atentos a todo, porque ir a una feria era toda una aventura y que era una inmersión cultural. Los fieles corren de un lado a otro, el comercio está en todas partes y los templos se visitan dejándose llevar por la multitud.
Después de estos consejos, nos preparamos para vivirlo, porque no por eso íbamos a dejar de verlo (modo aventura activado). Cuando llegamos, todo era tal y como nos había dicho nuestro guía, en pocas palabras había gente por todas partes, baños públicos, animales, atracciones, puestos de comercio de productos, comida y templos imposibles de acceder. Todo lo que nos esperábamos de la India estaba en ese lugar.
Antes de disfrutar de la feria, teníamos la misión de entrar en el templo dedicado al dios Brahma. Al ser uno de los pocos templos dedicados a este dios, ya se podrán imaginar cómo estaba el sitio. No permitían entrar con mochilas, aunque fueran pequeñas, así que las tuvimos que dejar en una tienda mientras entrábamos. Nos quitamos los zapatos y nos aventuramos a no ser aplastados ni pisados.




La fila era muy larga pero avanzaba rápido. Encima de nuestras cabezas teníamos decoraciones de flores y, a nuestro alrededor, millones de personas. Subimos unas escaleras y luego el espacio se hizo más pequeño, en mi caso, al ser bajita, no me pegaban, pero Antonio, al ser alto, notaba cómo las señoras bajitas le empujaban y le clavaban los codos (ya se podrán imaginar la cara de Antonio saliendo del templo).
En el templo no pudimos ver nada porque era entrar y salir. Había tal cantidad de personas que casi no hacía falta caminar, ya que te llevaban a su paso. Al salir fue todo un alivio, porque volvimos a respirar. Una vez en la calle esperamos a nuestras compañeras y al guía, que venían también entre una avalancha de personas. Ya fuera se podía caminar un poco mejor y compramos polvo rojo para hacer bindis.
Ese año no pudimos ver el ganado en venta porque, debido a un posible contagio entre el ganado, prefirieron no juntarlos en la feria. Fue una experiencia intensa, que ahora, recordándolo, hace pensar que podríamos haber salido aplastados por fieles a Brahma. Menos mal, quedó solo como parte de la experiencia.
Un poco abrumados por la escena, nos movimos a otro punto de la ciudad que seguía igualmente con la temática de la feria. Llegamos hasta el lago de Pushkar, un lago enorme rodeado de figuras de deidades, donde pusimos una ofrenda y disfrutamos de las vistas. Mientras tanto, vimos a varios aghoris realizando rituales.
Caminamos por las calles, que estaban muy bien pintadas y decoradas, porque toda la ciudad se prepara para la feria y para recibir a muchos turistas nacionales de todo el país.
Por la tarde-noche nos fuimos hasta el hotel en Jaipur, donde, después de varios días, por primera vez nos tomamos un cóctel y brindamos por ese día tan acelerado y poco común.
JAIPUR – ABHANERI – FATEHPUR SIKRI – AGRA – Nuestro viaje a la India II
Día 12
Bien temprano, después de desayunar, nos dirigimos a Birla Mandir, un templo muy grande de color blanco que reúne a varios dioses, incluso occidentales. Vimos figuras de Jesús, San Antonio y hasta representaciones de la Biblia. Allí nos sentamos a esperar que empezara el rito. No dejan tomar fotos dentro del recinto y las reglas en la India son muy estrictas, por lo que vimos como decomisaban varios móviles por no acatar las reglas y hasta la salida lo devolvian.
Durante la ceremonia se abrieron unas cortinas y empezaron a recitar mantras. Fue una experiencia muy diferente. No duró mucho, pero fueron muy impactantes los sonidos, los olores y la fe de los creyentes. Cuando terminó la ceremonia, salimos rumbo a visitar Abhaneri, un estanque escalonado situado en Dausa que era utilizado por los locales para recoger el agua de lluvia y almacenarla. Es toda una obra arquitectónica y, a día de hoy, se ha convertido en una parada casi obligatoria porque coincide con la ruta hacia Agra.
Alrededor del estanque se encuentran varias figuras representativas de la cultura india, que están en muy mal estado debido a que, tras las invasiones, la colonización y varios momentos históricos, quienes querían imponer nuevas formas de ver el mundo destruían el rostro de las imágenes. Por ello se perdió tanta riqueza cultural, que se siguen conservando de manera organizada para recordar el pasado.
Justo enfrente nos encontramos un pequeño templo donde un monje vestido de blanco que espera con calma que se acerquen visitantes para entregar pulseras rojas o amarillas, dependiendo del tipo de suerte que busque el visitante. En nuestro caso elegimos la roja, que representa la protección divina. La amarilla simboliza la prosperidad y la sabiduría.
Continuamos nuestro viaje por carretera hasta Fatehpur Sikri, una ciudad de color rojo que fue construida por el emperador mogol Akbar, pero que fue abandonada debido a la escasez de agua. Hoy en día es un importante punto turístico por sus palacios, su mezquita y un jardín que sigue siendo cuidado como en el siglo XVI, a mano y sin utilizar maquinaria, para así dar empleo a más personas de la zona.
Una vez recorrimos todo el complejo y soportamos bastante calor, ya solo nos faltaba la siguiente parada antes de llegar al lugar donde pasaríamos la noche. Hicimos otra parada en un gran templo, cuyo nombre no recuerdo (por más que he buscado no lo he encontrado). Allí pudimos ver monos 🐒 e incluso alimentarlos. Justo esa mañana había preparado algo de comida del buffet para dársela, pero tuve que luchar por ella y perderla, porque un mono se aferró a la bolsa y preferí soltarla antes de que me mordiera, ya que yo no le iba a morder 🤭.
El templo tenía unas aguas sagradas donde los fieles subían a darse un baño, mientras los traviesos monos les robaban la ropa. Gracioso, pero también un poco peligroso. Además, aprendimos que las vacas saben subir escaleras, pero no bajarlas, así que, una vez arriba, se quedan allí y se alimentan de la comida que les ofrecen los fieles. Nos despedimos de los monos y continuamos por carretera.




La ciudad de Agra nos esperaba con los brazos abiertos. Descubrimos una ciudad que, incluso de noche, estaba llena de vida, con comercios enormes, tiendas luminosas, rotondas con grandes figuras y hoteles de lujo. Al llegar al hotel pudimos descansar, cenar y acostarnos con la ilusión de que al día siguiente nos levantaríamos para cumplir una cita pendiente con una de las maravillas del mundo moderno, el tan anhelado Taj Mahal.
DELHI – Nuestro viaje a la India II
Día 14
Esa mañana nos levantamos pronto para poner rumbo a Delhi. En las noticias avisaban de que una nube de contaminación había llegado a la ciudad y que no se podía circular por el centro. La polución se debía a que muchos agricultores queman los restos de las cosechas para limpiar los campos y dejarlos preparados para los siguientes cultivos.
Pasamos la mañana en carretera, haciendo alguna parada para comprar papas de paquete por menos de 0,60 € y probar bebidas energéticas de un llamativo color rojo, que debían ser un colorante muy fuerte porque una sola gota cayó sobre la zapatilla y se quedo ahí para siempre.
En este punto nuestro viaje se dividía. Nuestras compañeras de aventura terminaban aquí su recorrido y volvían a España, mientras que nosotros continuábamos con un vuelo hacia Benarés.
Llegó el momento de despedirnos de nuestro guía y de nuestro conductor. La verdad es que hicieron que este viaje fuera una experiencia todavía mejor y nos alegró muchísimo haberlos conocido. A día de hoy seguimos teniendo su contacto y nos hace ilusión saber que continúan trabajando y que siguen siendo tan buenas personas.
Además, como nuestro conductor no podía llevarnos hasta el centro de Delhi, nos dejó antes de tiempo en el aeropuerto. Aprovechamos esas horas para pasear por la terminal, curiosear las tiendas, comprar algunas chuches diferentes y esperar tranquilamente nuestro vuelo.
El vuelo a Benarés fue toda una experiencia. Muchas mujeres llevaban preciosos saris llenos de color y adornaban su cabello con flores naturales que perfumaban el avión de una forma muy agradable. Fue entonces cuando comprendimos que este viaje, para muchos fieles, es un sueño que desean cumplir al menos una vez en la vida. Estábamos compartiendo vuelo con personas que viajaban por primera vez solo para conocer a la Madre Ganga, el sagrado río Ganges.
El cansancio pudo con nosotros y no quisimos desaprovechar el vuelo para descansar. Nos quedamos profundamente dormidos y, cuando despertamos, las azafatas estaban preocupadas porque no habíamos comido. Nos habían guardado la comida y, además, nos dieron la bienvenida con mucha amabilidad a Benarés.
Todavía medio dormidos, les agradecimos mucho el detalle. También es verdad que éramos los únicos extranjeros del avión. Cuando llegamos a Benarés ya había caído la noche y pensábamos que nos estaría esperando nuestro nuevo guía.
Sin embargo, quien vino a recogernos fue un taxista que nos llevó directamente al hotel para descansar. Antes de despedirse nos dijo que al día siguiente nuestro guía pasaría a buscarnos muy temprano para contemplar el amanecer en el río Ganges.
Organizamos un poco las maletas y dejamos preparada la ropa que nos pondríamos al día siguiente para no ir con prisas. Después de cenar algo rápido, nos fuimos a dormir.
Benarés – Delhi – Nuestro viaje a la India II
Día 16
Nos despertamos prontísimo (incluso madrugamos más en los viajes que en nuestros propios días laborales) con todo preparado para tomar un vuelo a Delhi. Tomamos un taxi que nos dejó en el aeropuerto y, haciendo las filas para el control, vimos a muchos hinduistas intentando embarcar sus enormes cantidades de agua del Ganges. Querían pasarla como equipaje de mano y llevaban más litros de agua que peso en sus maletas. También había letreros curiosos, como que los cocos no se pueden llevar en el avión. La verdad es que nunca había pensado en viajar con un coco, pero ahora nunca podré 🤭.
En la fila había de todo lo que en nuestros países normalmente no nos dejarían llevar en un avión desde collares de flores naturales, comida, agua del Ganges, gente con trajes tradicionales e incluso algunos solo con una tela atada. Era todo un espectáculo de color y de vida, porque cada persona justificaba por qué debían dejarle pasar sus litros de agua del Ganges, ya que era el souvenir principal del viaje.
Nosotros no nos quedábamos atrás, también volamos con un collar de flores naturales que nos acompañó durante bastante tiempo. Tomamos el vuelo y, como era de esperar, nos quedamos dormidos del cansancio. Hasta que un azafato quiso practicar su español con nosotros, lo que nos sacó una sonrisa en medio del viaje.
Fue un vuelo corto y, al llegar a Delhi, nos esperaba un taxi que nos llevó a un hotel cercano al aeropuerto internacional. Organizamos todo un poco, nos cambiamos de ropa y comimos algo. Y entonces empezó el momento de convencer a Antonio de salir a explorar el centro de Delhi por nuestra cuenta. Por ejemplo, la Puerta de la India no la habíamos visto de cerca, así que… ¿cómo no íbamos a ir?
Después de mis dotes de convicción (y de que en el fondo él también quería explorar), nos fuimos en Uber 🚗 hasta el centro. Antes de salir del hotel, nos llevábamos una tarjeta con el nombre del hotel porque no teníamos datos para pedir de nuevo un transporte para regresar.
El Uber nos dejó en pleno corazón de la ciudad. Caminamos tranquilamente y todo era muy bonito, la gente disfrutando del día, haciendo picnic, sacándose fotos, comiendo y paseando. Vimos muchas parejas de la mano y todo tipo de vestimentas, desde las más tradicionales hasta las más modernas.
Caminamos por una calle enorme peatonal hasta llegar al National War Memorial y, en la otra dirección, vimos el Rashtrapati Bhavan, todo muy cuidado y majestuoso. Por un momento parecía que estábamos paseando por Europa, pero con mucha más vida y alegría.
Después nos sentamos a hacer un pequeño picnic con unas papas de paquete y una bebida que compramos frente a la Puerta de la India, que es un monumento conmemorativo a los soldados indios caídos en la Primera Guerra Mundial.
Mientras disfrutábamos del ambiente con gente paseando, vendedores ambulantes, niños jugando, todo justo antes de que cayera la noche.
Entonces empezamos la búsqueda de un tuk-tuk que nos llevara de vuelta al hotel. Entramos en un divertido juego de negociación con el conductor, que no hablaba nada de inglés y nosotros nada de hindi. Así que nos entendimos como pudimos, literalmente con las manos:
Él pedía 500 rupias y nosotros ofrecíamos 300. Nos habían dicho en el hotel que el precio justo estaba entre 350 y 400 rupias, así que seguimos negociando. El juego continuó: el señor bajaba a 450, haciendo el gesto de los 50 con los dedos doblados.
Nosotros insistíamos en 300 hasta que finalmente bajó a 350 rupias. Y la verdad es que, aunque el momento de regatear fue divertidísimo, empezaba a anochecer y teníamos que volver. Así que nos fuimos por 350, que era un precio justo. Para indicarle la ubicación le dimos la tarjeta del hotel y arrancamos.
Ese pobre tuk-tuk, sin apenas fuerza, subía y bajaba puentes, se metía entre coches y autobuses a toda velocidad, pero nos llevó sanos y salvos hasta el hotel. Cenamos tranquilamente y nos reímos mucho de esta experiencia que, aunque corta, nos dio ese empujón para empezar a hacer más cosas del viaje por nuestra cuenta. Nos fuimos a dormir ya con las maletas perfectamente organizadas.




Nuestro viaje a la India Ii
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