Redacción y sabiduría: Alice
Anotaciones y edición: Antonio
La India fue nuestro primer viaje a Asia, un destino que para muchos puede parecer un riesgo, pero para nosotros fue un sí rotundo desde que empezamos a investigarlo. Nos fascinó todo desde sus dioses, la religión, los animales, la comida, la cultura, los bailes y, por supuesto, el Taj Mahal. Eso sí, Antonio ya sospechaba que quizá lo estábamos idealizando un poco y que la realidad social nos iba a impactar (spoiler fue mejor de lo que nos esperábamos).
Organizarlo por libre era complicado por la magnitud del país, así que optamos por un viaje organizado, y fue una gran decisión, porque vimos muchas maravillas, descansamos y nos sumergimos a su forma de entender el mundo. Viajamos a finales de octubre, una de nuestras épocas favoritas para recuperar fuerzas para lo que queda de año y porque es temporada baja, consiguiendo mejores precios y espacios más vacíos.
Tras comparar muchas agencias, conseguimos cerrar un itinerario que, además del Triángulo de Oro, incluimos la ciudad de Benarés, algo imprescindible para nosotros. Después llegó nuestra parte favorita, que es aprender de la historia, documentarnos, ver vídeos y empezar a vivir el viaje desde casa, anticipando cada detalle y apuntando dudas para resolver durante el viaje.
El viaje fue tan increíble que hemos reunido aquí todo lo que hicimos día a día:
Para disfrutar completamente el artículo recomendamos leerlo completo . Pero si no tienes tiempo o solo te interesa una sección, puedes ir directamente haciendo clic en su título 🖱️(nos caerás un poco peor, pero no pasa nada).
Día 1 – 2
Día 3
Día 4
Día 5
Día 6
Día 7
Día 8
Parte 2
¿Quieres que te ayudemos? ✉️
Si estás organizando un viaje a India y te gustaría hacerlo igual o similar al nuestro, contáctanos y te ayudamos a organizarlo para que disfrutes al máximo del país. Nosotros lo hicimos de forma organizada y la experiencia fue inmejorable. Te acompañamos en todo el proceso para que vivas una experiencia relajada y sin preocupaciones, olvidándote de horarios, transporte, entradas, comidas o de pasar horas comparando opciones.
Te dejamos aquí el resumen de nuestro Viaje a India en 17 días:
Día 1 – 2: Vuelo + Qatar (escala) + Llegada a Delhi
Día 3: Delhi – Mandawa
Día 4: Mandawa – Bikaner
Día 5: Bikaner – Jaisalmer
Día 6: Jaisalmer
Día 7: Jaisalmer – Jodhpur
Día 8: Jodhpur – Ranakpur – Udaipur
Día 9 – 17: Continuar leyendo la segunda parte de nuestro viaje
Delhi Mandawa – Nuestro viaje a la India I
Día 3
Por la mañana conocimos a nuestras dos compañeras de viaje, una madre e hija sevillanas, con muchos kilómetros recorridos y un sinfín de anécdotas que compartir. Después de desayunar en un enorme buffet, nos dispusimos a comenzar nuestra primera jornada de turismo y descubrir por fin la ciudad a plena luz del día.
Nada más salir, sentimos el caos característico de Delhi, rodeados de tuk-tuks, motos, coches y personas moviéndose en todas direcciones. No en vano estábamos en uno de los países más poblados del mundo. Pero, más allá del bullicio, lo fascinante era el espectáculo de colores que inundaba las calles. Mujeres vestidas con sus tradicionales saris y hombres que, aunque intentan adoptar un estilo más occidental, mantienen algunos elementos de la vestimenta tradicional y lucen el bindi de color rojo o amarillo en la frente.
Nuestra primera parada fue Jama Masjid, inaugurada en 1656 y considerada la mezquita más grande e importante de la India. Su imponente color rojo destaca desde la distancia. En la entrada, las mujeres tuvimos que ponernos una especie de túnica floral de color naranja antes de acceder al recinto. Una vez dentro, el ruido de la ciudad desapareció por completo. Los cláxones quedaron atrás y el ambiente se llenó de respeto y tranquilidad.
Al acercarnos al edificio principal comenzó algo que nos acompañaría durante gran parte del viaje, las peticiones de fotos. Madres con sus hijos se acercaban para fotografiarse con nosotros y grupos de jóvenes hacían cola para hacerse un selfie. Nos sentíamos como auténticas estrellas de cine sin entender muy bien el motivo. (Alice: nuestro momento de fama había comenzado. Aparecían cámaras por todas partes y, como no, a mí me encantan las fotos, así que en todas y cada una de ellas abrazábamos y sonreíamos. No nos pidieron autógrafos, pero también los habríamos dado 🤭).


Al preguntarle a nuestro guía, Natware, que nos acompañaría durante toda esta aventura, nos explicó que era algo bastante habitual, especialmente tras la reapertura del país después de la pandemia. Además, los indios son extremadamente curiosos y les encanta conocer gente. Por eso es normal que pregunten si estás casado, si tienes hijos, en qué trabajas o incluso cuánto ganas. Basta con una sonrisa y algo de paciencia para entender que forma parte de su cultura.
Después de nuestro primer momento de fama, continuamos la ruta hasta un impresionante templo sij llamado Gurudwara Bangla Sahib, de un blanco resplandeciente que brillaba bajo el sol. Allí nos encontramos con miles de creyentes que llevaban ofrendas para entregarlas ante el libro sagrado. En el interior no está permitido hacer fotografías y tanto hombres como mujeres debimos cubrirnos la cabeza como muestra de respeto. Nos unimos a la fila con nuestra ofrenda y pronto nos vimos envueltos por la emoción del lugar.
💡 TonyFact: El Libro Dios
Entre cánticos, incienso y el movimiento constante de los fieles, llegamos hasta la sala principal, donde el libro sagrado era abanicado mientras decenas de personas rezaban al unísono. Entregamos nuestra ofrenda al libro y entendimos que la emoción de los fieles era tal que, a pesar de los empujones y la multitud, te hacía sentir parte de su devoción. Al salir, nos recibió un gran estanque lleno de peces que reflejaba la belleza del edificio blanco.
Dentro del templo nos invitaron a visitar la enorme cocina comunitaria. El aroma de las especias nos envolvió al instante mientras observábamos a miles de personas sentadas ordenadamente en el suelo esperando para compartir la comida. Los sij mantienen este espacio para alimentar gratuitamente a cualquiera que lo necesite.




Incluso nos invitaron a participar en el festín, pero nuestro ajustado programa apenas nos permitió ayudar a preparar naan, el tradicional pan indio (que, por cierto, está muy bueno y, con queso, aún mejor), y remover alguna de las gigantescas ollas de la cocina. Fue una experiencia preciosa y muy diferente a todo lo que habíamos visto hasta ese momento. Eso sí, a la cocina entramos descalzos, y andar descalzo 🦶🏼 es una sensación extraña, pero te une con el espacio en el que estás conviviendo.
Más tarde visitamos Raj Ghat, el emotivo monumento dedicado a Mahatma Gandhi. Entramos descalzos y aprendimos más sobre la vida del hombre que luchó por la paz y cuya imagen aparece hoy en todos los billetes de la India (razón por la que es fácil confundirse sobre qué billete usar para pagar 💶). Allí contemplamos la llama eterna que simboliza su legado, en un entorno tranquilo y lleno de respeto que invita a la reflexión.
Es importante aclarar que aquí no está enterrado Gandhi, sino que es un símbolo del lugar donde fue cremado y posteriormente, sus cenizas fueron entregadas a la naturaleza.
Dejamos atrás este lugar para dirigirnos a otro rincón cargado de historia, Qutub Minar, donde se alza el alminar de ladrillo más alto del mundo, con 72,5 metros de altura. Entre los jardines nos encontramos con simpáticas ardillas y, cómo no, con más personas que querían fotografiarse con nosotros.
A esas alturas ya estábamos agotados entre las caminatas, las horas de coche y la intensidad del día. Sin embargo, todavía nos quedaba una última parada, y la hicimos en un mercado local. Allí los colores eran fascinantes y la alegría de la gente resultaba contagiosa.
Recorrimos sus calles en tuk-tuk, atravesando estrechos callejones rodeados de antiguas viviendas, millones de cables colgando entre los edificios y una marea constante de personas que parecían moverse al ritmo frenético de la ciudad. Una forma perfecta de terminar nuestro primer día en la India.
Volvimos al hotel para darnos una ducha y prepararnos para cenar. En la cena, Antonio aprovechó para no dejar ni un solo plato sin probar, y en cada bocado evaluaba si picaba poco, medio o demasiado. Dependiendo de su respuesta, me arriesgaba yo a probarlo también. La verdad es que toda la comida india está muy buena, pero hay que tener cuidado con el picante para no terminar llorando. Así terminó la cena y nos fuimos a dormir, porque, como siempre, tocaba madrugar para nuestro siguiente día de turismo.
BIKANER – JAISALMER – Nuestro viaje a la India I
Día 5
Temprano, después de desayunar, emprendimos viaje rumbo a Bikaner. Nuestra idea era llegar pronto a la ciudad para hacer turismo, pero decidimos hacer una parada muy deseada para conocer el Karni Mata Temple, el famoso templo de las ratas. Esta parada no estaba incluida en nuestro viaje, pero nos apetecía mucho conocer este lugar tan auténtico y a unos habitantes tan curiosos como los roedores, que en muchos lugares de Occidente son tan odiados.
Primero convencimos a nuestras compañeras de viaje de hacer la parada, ya que, por un pequeño extra, conoceríamos un templo único. Digamos que el dinero no fue el problema; era más el miedo a las ratas lo que las echaba para atrás. Pero lo logramos. Llegamos al templo y las ratas salieron a saludarnos. Estaban por todas partes. No hacía falta preguntar si habíamos llegado, porque ya las veíamos dando saltos por todo el lugar.
Compramos comida, nos preparamos con nuestros calcetines especiales (unos que luego tiramos a la basura), dejamos los zapatos en un lugar especialmente vigilado por un señor y por las ratas, que saltaban encima del calzado de todos los turistas. Nos adentramos en el templo, donde los locales entran descalzos e incluso besan el suelo en honor a sus antepasados, porque se cree que fue construido en honor a Karni Mata, una santa del siglo XIV venerada como la encarnación de la diosa Durga. Su historia está ligada a la leyenda de la reencarnación de sus seguidores en roedores sagrados.


💡 TonyFact: 25.000 ratas
Una vez dentro huele a pis de rata, algo que es completamente normal, pero es un olor soportable y se ve a muchas personas limpiando y alimentándolas. Son ratas libres 🐀, por lo que se las ve en muy buen estado y bien alimentadas, ya que todos les llevan comida como ofrenda. Nosotros alimentamos a unas cuantas, tocamos a varias y luego tuvimos la suerte de encontrarnos con una rata blanca tomando leche. Se dice que, si ves una rata blanca, tendrás suerte en la vida.
Al salir del templo nos cambiamos de calcetines y nos pusimos los zapatos para vivir una de las experiencias que mejor describen la India tradicional. Nos acercamos a un puesto de té para tomarnos un té (claramente 😅) y nuestro guía le entregó una botella de agua al vendedor para que nos lo preparara. El señor puso el agua a calentar, molió el jengibre con las manos y añadió un montón de hierbas mientras estaba descalzo, haciendo con sus piernas haciendo el número cuatro. Todo ocurría al mismo tiempo, una vaca pasaba buscando algo que comer, las ratas aprovechaban cualquier resto que encontraban en el suelo y una abuela con su nieto nos pedían hacerse una foto con nosotros.


Si ese fue nuestro momento más “estoy en la India”, sintiendo lo que te esperas de un lugar tan mágico donde todo puede ser sagrado si se cree en ello. Sin lugar a duda nos encantó el templo y, a donde vamos, lo hemos ido contando. De momento, ningún amigo se ha animado a visitarlo, ya que con solo decir que hay ratas lo descartan directamente de su itinerario de viaje.
Luego seguimos nuestro viaje original hasta Bikaner para visitar el fuerte Junagarh Fort, un complejo monumental construido con arenisca roja que combina los estilos arquitectónicos de diferentes culturas que han pasado por el país. En su interior encontramos salas de diferentes colores y celosías con distintas formas geométricas. Allí nos contaron cómo eran las celebraciones y el propósito del fuerte. También había un museo con armas antiguas, pinturas en miniatura, joyas y hasta un biplano ✈️ de la Primera Guerra Mundial.
Un sitio curioso, aunque la parte de las armas nos aburrió un poco porque había demasiadas. Aun así, el conjunto del fuerte resultaba impresionante y nos permitió seguir imaginando cómo era la vida entre sus muros siglos atrás. Al terminar, volvimos al transporte para dirigirnos al hotel, ya que estábamos bastante agotados después de la visita y con ganas de llegar, cenar y descansar bien antes del siguiente día de viaje.




JAISALMER – JODHPUR – Nuestro viaje a la India I
Día 7
Nos levantamos pronto para desayunar y conocer la ciudad de Jaisalmer, famosa por su amplio desierto y por la cantidad de dromedarios. El día anterior, mientras conducíamos hasta la ciudad, en carretera nos encontramos con familias nómadas, viajando con sus dromedarios y también con una familia de dromedarios salvajes 🐫.
Al ser un desierto, el calor era mucho más intenso y hacía falta cubrirse para soportarlo (fundamental llevar algo para cubrirse la cabeza). Bien temprano, fuimos primero al lago Gadisar, un enorme aljibe donde destacan pequeñas edificaciones flotantes que son templos jainistas. Era un lugar muy tranquilo y, a las afueras, había música tradicional. Nos pareció una parada perfecta para empezar el día con energía antes de todo lo que nos esperaba por descubrir.




Nos adentramos en la ciudad para caminar por calles llenas de locales y puestos comerciales. Vimos que vendían de todo desde perfumes, frutas, telas, souvenirs… había un poco de todo. También había edificios altos con una arquitectura única y ventanas completamente cubiertas de celosías. Entramos en varios pequeños templos para ver estatuas de Buda, representaciones en las paredes y monjes vestidos únicamente con una tela.
Una de las tiendas nos llamó especialmente la atención. Entramos y era un edificio enorme al que se accedía por unas estrechas escaleras que llevaban a salones enteros de souvenirs, de todos los tamaños, materiales y colores. Queríamos comprarlo todo, pero finalmente nos decidimos por unas manos de Fátima que, al abrirse, contenían a Ganesha y a su madre, la diosa Durga, en hueso de camello. Algo que jamás habíamos visto y que, por supuesto, hoy en día decora nuestro salón.




Mientras caminábamos por las calles de la ciudad teníamos momentos para preguntarle sobre la cultura, vida y religión a Natware, que siempre tenía una sonrisa y una respuesta incluso para las preguntas más extrañas. Además, otro dato que había olvidado hasta ahora es que, en una de las paradas en la carretera, aprovechábamos para entrar en tiendas de souvenirs y compramos el único libro sobre dioses que estaba en español (porque todo lo demás esta en hindi). En las horas de carretera leíamos sobre sus dioses, lo que nos generaba preguntas muy curiosas.
En el camino también nos encontramos con jainistas, que tienen como principio la no violencia, llevan una vida de vegetarianismo estricto, el respeto por todos los seres vivos y la búsqueda de la liberación. También nos encontramos con un aghori, personas que han renunciado a todo y viven de lo que les ofrecen. Es un país que recibe a todas las religiones desde que tengan un principio de paz y armonía.




Por la tarde nos dirigimos al desierto para dar un paseo en dromedario en las dunas de Sam. La verdad es que, a pesar de haberlo hecho más veces en la vida, siempre da una sensación de vértigo cuando el dromedario se levanta o cuando se sienta para dejarte bajar 🐫.
Nos fuimos juntos Antonio y yo en el dromedario, dando un paseo hasta el mejor sitio para ver la puesta de sol. El guía era un chico joven que hablaba muy bien inglés y nos contó que lo aprendió hablando con los turistas.
También, mientras esperábamos el atardecer, unos cantantes tradicionales nos acompañaron y tocaron durante casi una hora. Fue una escena muy bonita, el ver cómo caía el día con música, los dromedarios alrededor y nosotros tomando un té. Lo recuerdo y me da nostalgia pensar en qué escenas tan bonitas ocurren en lugares tan lejanos cada día.
Por la noche volvimos al hotel cansados de caminar, conocer y montar en dromedario, y con los zapatos llenos de arena del desierto. Estábamos tan agotados que no teníamos ni ganas de darnos un chapuzón en la piscina, preferimos cenar rápido e irnos a dormir.
Nuestro viaje a la India I
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