Redacción y sabiduría: Antonio
Anotaciones y edición: Alice

Indonesia es un rompecabezas de miles de islas esparcidas entre dos océanos donde con arrozales infinitos conviven con el rugido de volcanes y donde los templos milenarios emergen rodeados de la selva mas salvaje.
En estas tierras se vive la espiritualidad en cada rincón, desde el misticismo de Borobudur y Prambanan, hasta el animismo de los rituales que llenan de ofrendas las calles de Bali. Conocer Indonesia es un viaje que te lleva a sentir la bondad de su gente, descubrir el alma ancestral de sus credos milenarios y dejarse atrapar por una energía que nunca antes sentiste.
A Indonesia irás por primera vez, pero sin lugar a dudas nunca por la última. Te atraparán sus rituales, su historia, sus templos increíbles en cada esquina, su manera de entender la vida sencilla, sus cascadas de postal, sus playas infinitas, sus mil dioses que son uno solo y un misticismo que te cambiará la forma de ver la vida.
Conoce el país
Información Básica
Capital
Yakarta
Población
278 millones
Moneda
Rupia indonesia (IDR)
Idioma
Bahasa Indonesio
Religión
Islamismo, Hinduismo, Budismo
Hora
GMT +7 / +8 / +9
Historia de Indonesia
Indonesia, miles de islas, un solo corazón
La historia de Indonesia es la de 17.000 islas dispersas en un archipiélago del Pacífico que lograron unirse como un único país sin perder su identidad propia. A lo largo de los siglos, este rincón del Sudeste Asiático ha sido un gran imán del comercio global, atrayendo a sus costas a navegantes indios, sabios chinos y comerciantes árabes que fusionaron sus ideas con las creencias de los pueblos originarios, dando lugar a una sociedad fascinante y única en el mundo.
A lo largo de los siglos, en el archipiélago se alzaron imperios que dominaron los estrechos marinos con flotas formidables. Desde el misticismo de los reinos budistas e hinduistas que construyeron imponentes templos en Java, hasta la llegada de los comerciantes árabes que extendieron el Islam de costa en costa, el país se transformó en una mezcla de fes fusionadas con las creencias locales. El gran motor que aceleró este intercambio cultural fueron las ansiadas Islas de las Especias, un rincón diminuto del mapa que producía aromas codiciados en el mundo entero.
Esa riqueza botánica acabó por despertar la ambición de las potencias europeas, marcando el inicio de los siglos bajo el dominio colonial holandés. A través de la implacable Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, Occidente explotó los recursos de Indonesia con mano de hierro. Sin embargo, el sufrimiento compartido bajo el yugo extranjero acabó uniendo a cientos de grupos étnicos distintos bajo un mismo ideal de libertad, que estallaría tras la Segunda Guerra Mundial con la proclamación de su independencia en 1945.
Hoy, el país es el motor económico indiscutible de su región y la nación con más musulmanes del planeta y está gobernado por un principio que llevan grabado a fuego: Bhinneka Tunggal Ika (Unidad en la diversidad). En la actualidad, Indonesia avanza con paso firme hacia la modernidad, pero sin apagar la llama de sus rituales ancestrales, sus danzas sagradas y esa hospitalidad infinita que cautiva a todo el que decide explorar sus islas.
La Indonesia Prehistórica. Los orígenes y el misterio del «Hombre de Java»
Para entender las raíces de Indonesia hay que viajar atrás en el tiempo, a una época en la que el Sudeste Asiático era muy distinto. Durante las glaciaciones, lo que hoy vemos como un archipiélago de miles de islas estaba conectado al continente asiático formando una gran masa de tierra continental.
De esta época son los importantes registros fósiles que se descubrieron en el siglo XIX. En la isla de Java se encontraron los fósiles del famoso Hombre de Java (Homo erectus), que revolucionaron las teorías sobre la salida de nuestros antepasados de África. Por otro lado, en la isla de Flores se hallaron los restos del Homo floresiensis, apodado el Hombre de Flores por su estatura de apenas un metro y que evolucionó de forma aislada en la isla.
Tiempo después, hacia el 2000 a.C., el archipiélago vivió una transformación demográfica con las migraciones austronesias que llegaron desde China y Taiwán. Eran navegantes excepcionales y asentaron las bases culturales, agrícolas y lingüísticas que unificaron las islas y permitieron, siglos más tarde, el nacimiento de las primeras civilizaciones organizadas.
En la actualidad, las huellas de este pasado remoto se pueden explorar visitando el yacimiento arqueológico de Sangiran en Java Central, declarado Patrimonio de la Humanidad y donde se han encontrado la mitad de los fósiles de homínidos de todo el mundo, o navegando por las islas del Parque Nacional de Komodo, hogar de los legendarios dragones sacados de la época prehistórica.
La Era Marítima y los Primeros Reinos (siglo IV – XIII). El auge del comercio y los imperios
Gracias al dominio de los mares, el archipiélago se convirtió en una pieza clave del comercio mundial y sus navegantes convirtieron las islas en la parada obligatoria de la ruta marítima que unía China con la India y Occidente. Alrededor del siglo IV, la influencia cultural de los comerciantes indios empezó a calar hondo en las élites locales, introduciendo el hinduismo y el budismo, la escritura sánscrita y los modelos de organización política usados por los primeros reinos de las islas.
El gigante de esta era fue el Imperio Srivijaya, un poderoso reino budista surgido en el siglo VII con base en la isla de Sumatra. Su fuerza no se basaba en la conquista de grandes extensiones de tierra, sino en el control absoluto del agua. Dominaron el Estrecho de Malaca, el embudo marino por el que pasaban todas las riquezas de la época. Al cobrar impuestos por el paso, acumularon una gran cantidad de dinero y su capital, Palembang, se transformó en un centro intelectual al que los monjes chinos iban para estudiar sánscrito antes de continuar el viaje hacia la India.
Mientras Srivijaya controlaba las rutas del oeste, en el corazón agrícola de la isla de Java dominaba la dinastía Sanjaya, de raíces hinduistas, y la dinastía Shailendra, de fe budista. Lejos de desgastarse en guerras eternas, estas culturas rivalizaron en una espectacular competición arquitectónica que los llevó a movilizar a miles de artesanos y campesinos para levantar las obras cumbre de la arquitectura del Sudeste Asiático.
En la actualidad, este periodo se puede ver al recorrer los yacimientos y templos menos masificados que salpican los alrededores de Yogyakarta, o visitando los restos arqueológicos de la antigua capital de Srivijaya en Palembang, en el sur de Sumatra.
El Esplendor Hinduista-Budista (siglo VIII – XV). Los templos de Java, Borobudur y Prambanan
Hacia el siglo VIII, el centro de la isla de Java se convirtió en el escenario de un gran esplendor arquitectónico. La prosperidad, fruto de la alta producción agrícola de los fértiles suelos volcánicos, permitió a los gobernantes de las dinastías Shailendra y Sanjaya emprender una competición para demostrar su poderío político y devoción, regalando al mundo dos de los complejos religiosos más asombrosos jamás construidos por el ser humano.
La dinastía Sailendra llevó a cabo la construcción de Borobudur, la joya de la corona budista, entre los años 750 y 850 d.C. Este colosal monumento de piedra volcánica es la estupa budista más grande del mundo y se diseñó como un gigantesco mandala tridimensional que representa el universo según el budismo.
Al visitarlo, los peregrinos caminaban de forma ascendente por sus terrazas adornadas con más de 2.600 paneles de relieve tallados al detalle y custodiadas por 504 estatuas de Buda, resguardadas bajo estupas de piedra. El ascenso simbolizaba el viaje espiritual del alma desde el mundo de los deseos terrenales hasta alcanzar el Nirvana.
Casi en paralelo y a pocos kilómetros de distancia, la dinastía hinduista Sanjaya levantó el impresionante complejo de Prambanan. Este conjunto de templos de agujas afiladas y esbeltas, dedicadas a la Trimurti (Brahma, Vishnu y Shiva), desafiaba la altura de Borobudur con su imponente templo central de 47 metros dedicado a Shiva. Sus paredes de piedra con relieves esculpidos que narran las épicas peripecias del Ramayana, demuestran el refinamiento artístico y técnico al que había llegado la sociedad javanesa.
Ambos templos convivieron en una época de sorprendente tolerancia religiosa, donde los cultos se entrelazaban con total naturalidad.
El declive de este esplendor monumental comenzó en el siglo X, cuando el eje del poder político y cultural se desplazó hacia el este de Java, probablemente debido a una devastadora erupción del volcán Merapi. Aunque el posterior Imperio Majapahit intentó revivir este esplendor, la importancia de Java Central se fue apagando lentamente, dejando que la densa selva tropical y las cenizas de los volcanes sepultaran y protegieran estos colosales templos durante siglos.
La Llegada del Islam (siglo XIII – XVI). El giro cultural de los sultanatos
A pesar de que el Imperio Majapahit logró unificar bajo bandera hinduista-budista casi la totalidad del archipiélago, las costas de Indonesia comenzaron a experimentar una transformación silenciosa. Los barcos de los comerciantes musulmanes provenientes de la India, Persia y la península arábiga llegaban con frecuencia a los puertos del archipiélago. Con ellos viajaban sabios y místicos sufíes que, lejos de imponer su fe, predicaron un Islam tolerante y místico que se adaptó de forma pacífica a las tradiciones hinduistas, budistas y animistas que ya existían en las islas.
La conversión en los puertos no fue solo una cuestión de fe, sino una jugada comercial, ya que adoptar el Islam les permitía estrechar los lazos con los ricos mercaderes del Índico. Fruto de esto, en el norte de Sumatra nació, en el siglo XIII, el Sultanato de Samudera Pasai, el primer Estado islámico de la región. Pronto, este giro cultural se expandió por las rutas marinas, propiciando la caída de Majapahit y el nacimiento de nuevos y poderosos sultanatos como el de Demak en Java, o el de Ternate y Tidore en las islas Molucas.
Fue en este periodo cuando la obsesión mundial por las especias alcanzó su punto más álgido. Las Molucas eran el único lugar del planeta donde crecían los árboles del clavo y la nuez moscada, productos que en los mercados de Europa y China valían más que el oro por sus propiedades medicinales y para la conservación de alimentos.
Controlar los puertos indonesios y el Estrecho de Malaca equivalía a dominar el grifo de la riqueza mundial, algo que no tardó en llamar la atención de las potencias navales europeas.
De esta época se conservan en la actualidad el impresionante Palacio del Sultán (Kraton) en Yogyakarta, donde el actual sultán sigue residiendo, y el barrio histórico de Kota Gede, famoso por sus talleres de plata y mezquitas. También se puede sentir esta parte de la historia en los fuertes de piedra que vigilan las plantaciones de nuez moscada de las islas de Banda (en las Molucas).
El colonialismo Holandés (1602–1942). Compañía de las Indias Orientales y Raj de los Países Bajos
Aunque los portugueses fueron los primeros europeos en llegar a las Molucas para hacerse con el comercio del clavo, el verdadero giro histórico llegó con los holandeses. En 1602 se fundó la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), una megacorporación comercial que operaba casi como un Estado independiente teniendo su propio ejército y su propia moneda. Establecieron su base en la ciudad de Batavia (actual Yakarta), y fue desplazando, a base de astucia y fuerza, a los sultanes locales, monopolizando el tráfico global de especias.
Cuando la VOC quebró a finales del siglo XVIII a causa de la corrupción y las deudas, la Corona de los Países Bajos asumió el control del territorio, bautizándolo como las Indias Orientales Neerlandesas. La explotación económica se volvió entonces mucho más agresiva y se instauró el durísimo Cultuurstelsel, un mecanismo que obligaba a los campesinos javaneses a destinar una quinta parte de sus tierras a cultivar productos para la exportación europea, como café, azúcar y tabaco, en lugar de arroz. Esta política generó grandes fortunas en Ámsterdam, a costa de terribles hambrunas en las islas.
A medida que avanzaba el siglo XIX, la resistencia local empezó a ganar fuerza y líderes como el Príncipe Diponegoro encabezaron sangrientos enfrentamientos contra la corona holandesa. Aunque los holandeses lograron contener las revueltas, la semilla de la rebelión estaba plantada y a principios del siglo XX, una nueva generación de jóvenes intelectuales nativos que habían estudiado en Occidente empezó a organizarse.
En 1928, durante el histórico Congreso de la Juventud, proclamaron el Sumpah Pemuda (El Juramento de la Juventud), comprometiéndose a luchar por una sola patria, una sola nación y un solo idioma, el indonesio.
En la actualidad, este largo periodo se puede sentir paseando por el barrio histórico de Kota Tua en Yakarta, donde los viejos edificios coloniales rodeados de canales recuerdan a la arquitectura de Amsterdam. También se palpa esta influencia histórica al visitar las monumentales plantaciones de té y café en las tierras de Bandung y Malang.
La Indonesia Contemporánea (1942 – Actualidad). Ocupación y grito de independencia
El estallido de la Segunda Guerra Mundial rompió en pedazos el dominio holandés y en 1942, las tropas del Imperio de Japón invadieron el archipiélago, expulsando a los europeos en cuestión de semanas. Aunque la ocupación japonesa fue brutal y estuvo marcada por los trabajos forzados y la escasez, abrió una grieta irreversible en el sistema colonial.
Los nipones prohibieron el idioma holandés, permitieron el uso del bahasa indonesio y liberaron a los líderes nacionalistas encarcelados, como Sukarno. Al caer las bombas atómicas y rendirse Japón en agosto de 1945, se produjo un vacío de poder y Sukarno proclamó la Independencia de Indonesia.
Sin embargo, los Países Bajos regresaron para recuperar su joya colonial, desatando una guerra de guerrillas de cuatro años. La resistencia indonesia fue feroz, combinando batallas en las calles con presión internacional contra el gobierno de Ámsterdam. Finalmente, asfixiada económicamente y bajo la amenaza de perder las ayudas estadounidenses del Plan Marshall, la corona holandesa reconoció la soberanía del país en 1949 y Sukarno se convirtió en el primer presidente.
El gobierno de Sukarno, marcado por un fuerte nacionalismo y el caos económico, terminó en los años sesenta tras un oscuro y sangriento golpe de Estado. Entonces tomó el poder el general Suharto, instaurando una dictadura militar que duró más de tres décadas. Aunque Suharto logró estabilizar la economía y abrir las puertas al capital extranjero, lo hizo a base de represión política y niveles de corrupción desorbitados.
La burbuja estalló en 1998 con la crisis financiera asiática y las calles se llenaron de masivas protestas estudiantiles que forzaron la dimisión del dictador, abriendo paso a la era de la Reformasi, una transición que convirtió a Indonesia en la sólida democracia actual.
Esta transición democrática no estuvo exenta de dolor. La inestabilidad política y el auge del radicalismo islámico desencadenaron graves atentados terroristas, como los trágicos bombardeos de Bali en 2002 y los ataques a hoteles en Yakarta. Lejos de rendirse al miedo, la sociedad indonesia y su gobierno reaccionaron con firmeza, persiguiendo el extremismo y reforzando los lazos de su Islam tradicional, que siempre ha abogado por la tolerancia y la convivencia pacífica.
En la actualidad, esta joven y gigante república se siente en los rascacielos vanguardistas de su capital, Yakarta. También se respira este orgullo patrio al visitar el Monumento Nacional (Monas) en el corazón de la ciudad o al conversar con los locales, quienes celebran cada 17 de agosto engalanando hasta la última aldea con los colores de la bandera roja y blanca.





