Redacción y sabiduría: Antonio
Anotaciones y edición: Alice
Esta es la primera parte de los monumentos de Egipto I – Alto Egipto, si te interesan te recomendamos leer la explicación de todos los principales monumentos de Egipto y nuestra guía completa por los tesoros del Egipto.
Nuestra expedición comienza en el extremo sur del país, en las tierras de la antigua Nubia, donde el sol parece brillar con una fuerza eterna sobre las aguas del Lago Nasser. Esta región es el hogar de algunos de los monumentos más remotos y espectaculares de todo el valle del Nilo, donde la arquitectura se funde con el paisaje de una forma casi mágica.
Al explorar esta zona descubriremos hitos legendarios como el Templo de Abu Simbel, esculpidos directamente en la montaña por orden de Ramsés II, y el poético Templo de Philae, una joya dedicada a la diosa Isis que parece flotar sobre las aguas de Asuán.
A través de estos santuarios, veremos cómo los faraones no solo construyeron edificios, sino que dominaron la geografía para demostrar su devoción a los dioses y su control sobre los confines del imperio. Desde los misterios del santuario interior de Abu Simbel hasta las últimas inscripciones jeroglíficas en la isla de Philae, el Alto Egipto es la puerta de entrada perfecta para entender la magnitud del poder faraónico antes de iniciar nuestro descenso por el río.
Monumentos de Egipto I – Alto Egipto: El Reino de Nubia y Asuán
Templo de Abu Simbel
Abu Simbel se alza como el desafío definitivo del faraón Ramsés II contra el olvido y las arenas del desierto de Nubia. Situado a unos 280 km al sur de Asuán y muy cerca de la frontera con Sudán este complejo es famoso en todo el mundo por sus 4 estatuas colosales de 20 metros de altura que custodian la entrada del Gran Templo tallado directamente en la montaña de roca.
Al llegar frente a esta fachada imponente se siente la magnitud de un monarca que quiso ser adorado como un dios entre los dioses proyectando su poder hacia las regiones del sur.
Si cruzamos el umbral de entrada nos adentramos en una sala hipóstila donde 8 pilares con la figura de Osiris sostienen el peso de la montaña decorados con relieves que narran la famosa batalla de Qadesh. Sin embargo el secreto más asombroso del templo se encuentra al final de un pasillo de 60 metros en el santuario interior.
En este santuario están representados 4 dioses: Ra-Horajti (dios del Sol cpn cabeza de halcón), Ramsés II (el propio faraón deidificado), Amón-Ra (dios de dioses y del aire), Ptah (dios de la magia y oscuridad).
Gracias a un conocimiento astronómico perfecto los arquitectos egipcios diseñaron la estructura para que 2 veces al año el 22 de febrero y el 22 de octubre (cumpleaños y fecha de coronación del faraón) los rayos del sol atraviesen todo el templo para iluminar 3 de las 4 las estatuas del fondo dejando solo en penumbra a Ptah el dios de la oscuridad.
Caminando unos metros hacia el norte llegamos al Templo de Nefertari dedicado a la esposa favorita de Ramsés. Es un lugar único porque las estatuas de la reina tienen el mismo tamaño que las del faraón algo extremadamente inusual en el arte egipcio que demuestra el amor y el respeto que el rey sentía por ella.
Sus muros interiores muestran escenas de gran delicadeza donde la reina es coronada por las diosas Isis y Hathor bajo techos pintados con estrellas azules que han conservado su color durante más de 3200 años.
Si observamos las colinas circundantes se puede apreciar el rastro de la mayor hazaña de ingeniería arqueológica de la historia. En la década de 1960 la construcción de la Gran Presa de Asuán amenazaba con sumergir estos templos bajo las aguas del lago Nasser pero gracias a una campaña internacional de la UNESCO ambos monumentos fueron cortados en más de 1000 bloques y reconstruidos en una posición más elevada.
Este rescate titánico permitió que hoy podamos seguir admirando la mirada serena de los colosos frente al agua salvando un legado que estuvo a punto de desaparecer para siempre.





