Redacción y sabiduría: Antonio
Anotaciones y edición: Alice
Egipto no es solo un destino, es el viaje de los viajes. Es la cuna de la civilización. Un lugar con una historia tan inmensa que los propios egipcios ya sentían las Pirámides como un legado de sus antepasados, tan misterioso como para nosotros.
Visitar Egipto es sentir la magnitud de las Pirámides de Giza y perderse en la inmensidad de los templos de Luxor y Karnak. Pero también es el caos vibrante de El Cairo y ver atardecer en el desierto dorado que se rinde ante el azul profundo del Nilo.
Egipto te atrapará con sus misterios, te sorprenderá con su gastronomía y te conquistará con la hospitalidad de su gente. Viajar a Egipto es cumplir un sueño de la infancia y una experiencia que te cambia la forma de ver el mundo para siempre.
Conoce el país
Información Básica
Capital
El Cairo
Población
111 millones
Moneda
Libra Egipcia (EGP)
Idioma
Árabe (Árabe egipcio)
Religión
Islamismo
Cristianos coptos
Hora
GMT +2 / +3
Historia de Italia
Egipto, el despertar de la humanidad y el legado del Nilo
La historia de Egipto es la crónica de una civilización que no solo marcó el rumbo de la humanidad, sino que la vio nacer. Desde que los primeros asentamientos se establecieron en las riberas del Nilo, este río se convirtió en el eje de un imperio que desafió al tiempo y la muerte.
Durante los milenios que estuvo bajo el mando de faraones que se consideraban dioses en la tierra, Egipto sentó las bases de la astronomía, la arquitectura y una escritura jeroglífica que aún hoy nos sigue sorprendiendo con sus secretos.
Tras el fin de la era de los faraones, Egipto se convirtió en la joya de la corona del imperio de Alejandro Magno y, más tarde, en el granero de la Roma Imperial, siendo el escenario de figuras legendarias como Cleopatra. Con la llegada del Islam en el siglo VII, el país vivió un nuevo renacimiento, convirtiendo a El Cairo en el centro intelectual y cultural del mundo árabe. Recientemente el paso hacia la modernidad en los siglos XIX y XX estuvo marcado por la apertura del Canal de Suez y la lucha por la independencia frente a la influencia británica.
Tras revoluciones y cambios de régimen, Egipto se ha consolidado como una república vibrante mira hacia el futuro y custodia las maravillas del mundo antiguo. Hoy, Egipto es una nación que recibe al viajero con una cultura fascinante, una gastronomía llena de historia y un patrimonio que es, sin duda, el más grande de la humanidad.
Egipto Antiguo(3100 a.C. – 332 a.C.): La Era de los Gigantes
La historia de Egipto comienza con la unión del Alto y el Bajo Egipto hacia el año 3100 a.C., dando inicio a una de las civilizaciones más duraderas que el mundo ha conocido.
- Durante el Imperio Antiguo (2686 – 2181 a.C.), la obsesión por la inmortalidad llevó a los faraones a levantar las Pirámides de Giza, proezas de ingeniería que hoy es la única maravilla de la antigüedad que permanece en pie. A esta era pertenecen Keops, Kefrén y Micerino, tiempos de un poder centralizado absoluto y de una fe inquebrantable en el viaje al más allá.
- Se pasó después al conocido como Imperio Medio (2055 – 1650 a.C.) años en los que, tras un periodo de caos, Egipto se reunificó. Fue una etapa de gran florecimiento en la literatura y el arte, donde el poder se desplazó hacia el sur, a Tebas (la actual Luxor).
- Con el Imperio Nuevo (1550 – 1069 a.C.) Egipto alcanzó su máxima expansión militar y esplendor artístico. Es la época de los grandes nombres que todos conocemos: el gran Ramsés II, la poderosa Hatshepsut y el joven Tutankamón. En este periodo, los faraones abandonaron las pirámides para excavar sus tumbas en el recóndito Valle de los Reyes, buscando proteger sus tesoros de los saqueadores, mientras levantaban templos colosales para honrar a los dioses Amón, Ra e Isis.
El declive llegó con Periodo Tardío y las invasiones extranjeras, pero el legado de los faraones no se borró. Su conocimiento del cosmos, su arte simbólico y su organización social influyeron en todas las culturas que llegaron después. Hoy, la grandeza de estos siglos se puede palpar en cada rincón del país, desde la Esfinge que custodia las arenas a los pies de las Pirámides hasta los relieves intactos de los templos de Edfu o Abu Simbel.
Época Grecorromana: Alejandro Magno, Cleopatra y el cambio de mando (332 a.C. – 641 d.C.)
Tras siglos de esplendor faraónico, Egipto fue conquistado por Alejandro Magno en el 332 a.C. y que fundó la ciudad de Alejandría, convirtiéndola en el faro cultural del mundo antiguo. Tras su muerte, su general Ptolomeo inició una nueva dinastía, los ptolemaicos. Éstos, aunque eran griegos, adoptaron las costumbres y la religión egipcia para ganarse la aceptación del pueblo y construyeron algunos de los templos que mejor se conservan hoy en día.
Esta etapa culmina con la figura de Cleopatra VII, la última reina del Antiguo Egipto. Tras su trágica muerte y la derrota ante Octavio, Egipto pasó a ser una provincia del Imperio Romano. Para Roma, Egipto no era solo un territorio más y se convirtió en su «granero», la fuente de trigo que alimentaba a todo el imperio y un lugar de fascinación por sus cultos exóticos.
Con el tiempo, por la influencia romana el cristianismo empezó a expandirse, dando lugar a la comunidad copta, que aún hoy mantiene vivas tradiciones y una lengua que desciende directamente de la de los faraones. Fue una época de transición donde los antiguos jeroglíficos fueron olvidados y los templos antiguos comenzaron a convivir con iglesias y monasterios.
En la actualidad, este periodo se refleja en la Columna de Pompeyo en Alejandría, las Catacumbas de Kom el Shoqafa, el Templo de Filae o el fascinante Barrio Copto en El Cairo.
Conquista Árabe y el Esplendor Islámico (641 d.C. – 1517 d.C.)
En el siglo VII, la historia de Egipto dio un giro radical con la conquista árabe. El país dejó de mirar hacia Roma y Bizancio para integrarse en el mundo islámico. Fue un periodo de transformación profunda donde el árabe sustituyó gradualmente al copto y el islam se convirtió en la religión mayoritaria.
El momento de gloria llegó con la fundación de El Cairo (Al-Qahira, «La Victoriosa») en el año 969. Bajo diferentes dinastías como los Fatimíes y los Mamelucos, la ciudad se convirtió en una de las más ricas y poderosas del mundo. Fue aquí donde Saladino, el gran héroe de las Cruzadas, levantó su imponente Ciudadela para defender la ciudad.
Durante estos siglos, El Cairo se llenó de mezquitas espectaculares, madrazas (escuelas) y caravasares (posadas para comerciantes), convirtiéndose en el centro del comercio de especias entre Oriente y Occidente. Esta riqueza permitió un desarrollo artístico y arquitectónico único que hoy hace que el centro histórico de la ciudad sea Patrimonio de la Humanidad.
A día de hoy, esta etapa se vive perdiéndose por el mercado de Khan el-Khalili en El Cairo, admirando la Mezquita de Al-Azhar o recorriendo la Calle Al-Muizz, considerada el museo al aire libre de arquitectura islámica más denso del mundo.
Egipto Moderno (Siglos XIX y XX): De Napoleón al Canal de Suez
Tras siglos bajo el dominio del Imperio Otomano, Egipto volvió a ser el centro de la geopolítica mundial a principios del siglo XIX. A finales del siglo XVIII, Egipto era un lugar casi olvidado para Occidente, hasta que en 1798 Napoleón Bonaparte desembarcó con sus tropas. Pero Napoleón no solo llevó soldados, llevó a más de 160 científicos, artistas y arqueólogos.
Fue durante esta campaña cuando un soldado francés encontró por casualidad la Piedra Rosetta en la ciudad de Rashid. Este bloque de granito tenía el mismo texto escrito en tres escrituras: jeroglífico, demótico y griego antiguo. Fue la llave maestra que permitió a Jean-François Champollion, un joven genio francés que nunca había estado en Egipto, descifrar los jeroglíficos en 1822. Gracias a Champollion, las paredes de los templos dejaron de ser simples dibujos decorativos y empezaron a contar su historia. Este hito marcó el nacimiento de la Egiptología y cambió para siempre nuestra comprensión del pasado.
Tras la salida de los franceses, tomó el poder Muhammad Ali Pashá, un líder visionario que transformó Egipto en una potencia industrial. El país se abrió a Europa se llevó a cabo la construcción del Canal de Suez (1869). Esta faraónica obra de ingeniería, une el Mediterráneo con el Mar Rojo y acortó meses de viaje entre Europa y Asia, convirtiendo a Egipto en el punto más estratégico del planeta.
Sin embargo, la enorme deuda contraída para construir el canal y la modernizar el país sirvió de excusa para que el Imperio Británico ocupara Egipto en 1882. No fue hasta 1952 cuando una revolución de oficiales jóvenes, liderada por Gamal Abdel Nasser, derrocó a la monarquía y proclamó la República, recuperando el control del Canal y devolviendo el orgullo nacional al pueblo egipcio.
De esta época se conservan los palacios y el aire europeo de El Cairo (el «París del Nilo»), el nostálgico Museo de Tahrir, los estudios de Egiptología en todo el mundo y la faraónica ingeniería del Canal de Suez.
Egipto en la Actualidad: El renacer de un gigante
Hoy en día, Egipto es una nación maravillosa de más de 110 millones de habitantes que busca el equilibrio entre su herencia milenaria y la modernidad más absoluta. El país ha vivido años de grandes cambios tras la Revolución de 2011 en la Plaza Tahrir. No fue solo una protesta, fue un terremoto social que puso fin a 30 años de gobierno de Hosni Mubarak. La Plaza Tahrir, en el corazón de El Cairo, se convirtió en el epicentro de un clamor por «pan, libertad y justicia social».
Sin embargo, el camino hacia la estabilidad no ha sido lineal. Tras la caída de Mubarak, el país atravesó un periodo de profunda polarización bajo el gobierno de los Hermanos Musulmanes, que culminó en nuevas protestas masivas en 2013 y la intervención del ejército liderada por el actual presidente, Abdel Fattah el-Sisi.
Desde entonces, Egipto ha priorizado la seguridad y la reconstrucción del Estado por encima de todo. El gobierno ha implementado un ambicioso plan de reformas económicas y proyectos de infraestructura faraónicos para reactivar el país. Esta nueva etapa, denominada a menudo como la «Nueva República», se caracteriza por un nacionalismo fuerte y un deseo de modernización tecnocrática. Se han construido miles de kilómetros de puentes y carreteras.
Aunque el país enfrenta retos económicos importantes, como la inflación y la deuda, la sensación en las calles es la de una nación que ha decidido dejar atrás la incertidumbre de la década pasada para consolidarse como la potencia regional indiscutible del Mediterráneo oriental. Esto se siente en los nuevos barrios de Nuevo Cairo, en la imponente Gran Presa de Asuán que controla el pulso del Nilo, y sobre todo en la construcción del Gran Museo Egipcio (GEM), un proyecto monumental destinado a ser el museo de arqueología más grande del mundo.
Viajar a Egipto hoy es ver cómo conviven los carruajes de caballos con los conductores de Uber, y cómo los antiguos templos son ahora el escenario de espectáculos de luces y sonido de última tecnología. Egipto sigue siendo un actor clave en la política de Oriente Medio y un destino que, pese al tiempo, nunca deja de reinventarse.



