Redacción y sabiduría: Antonio
Anotaciones y edición: Alice

Ciudad del Vaticano es el Estado más pequeño del mundo, pero su influencia y su patrimonio son incalculables. Enclavado en el corazón de Roma, este pequeño país es el centro espiritual del catolicismo y un cofre que guarda algunos de los tesoros artísticos más importantes de la humanidad. Caminar por la Plaza de San Pedro es sentir el peso de siglos de historia, donde la fe, el poder político y la genialidad artística de hombres como Miguel Ángel y Bernini se funden en un solo lugar. Espiritualidad, arte renacentista y misterio definen a un país que, aunque se recorre en un día, se queda grabado para toda la vida.
Conoce el país
Información Básica
Capital
Ciudad del Vaticano
Población
800 habitantes
Moneda
Euro (€)
Idioma
Italiano / Latín
Religión
Catolicismo
Hora
GMT +1/+2
Historia de México
El corazón espiritual de occidente
La historia del Vaticano no es la de una nación común, sino la de un lugar sagrado que, por si poder e influencia, se convirtió en estado. Situado en la colina vaticana, al otro lado del río Tíber, este territorio fue en la antigüedad un lugar de jardines y el escenario del circo de Nerón, donde, según la tradición, fue martirizado y enterrado el apóstol San Pedro.
A lo largo de los siglos, lo que empezó como una basílica construida por Constantino sobre la tumba del apóstol, creció hasta convertirse en los Estados Pontificios, un vasto territorio que abarcaba gran parte del centro de Italia. Durante el Renacimiento, el Vaticano fue el epicentro del mecenazgo artístico, atrayendo a los mejores arquitectos y pintores para levantar la actual Basílica de San Pedro y decorar los Palacios Apostólicos.
Tras décadas de tensiones con el Reino de Italia durante la unificación (la famosa «Cuestión Romana» de la que hablamos en la historia de Italia), el Vaticano alcanzó su forma actual en 1929 con los Pactos de Letrán. Hoy, bajo la soberanía del Papa, es una monarquía absoluta única en el mundo, que protege un legado cultural declarado por la UNESCO y sigue siendo un faro de influencia global tanto para católicos como para el resto del mundo.
La Antigüedad: de los jardines al martirio
La historia del Vaticano no comienza con grandes palacios, sino con una colina a las afueras de la antigua Roma conocida como el Ager Vaticanus. Antes de ser el centro de la fe, era famosa por sus jardines y por el Circo de Nerón. En este mismo lugar se encontraba el Obelisco que hoy decora la Plaza de San Pedro, traído desde Egipto.
El momento crucial ocurre en el año 64 d.C. Tras el gran incendio de Roma, Nerón inició la persecución de los cristianos. Según la tradición, Pedro fue capturado y condenado a morir en la cruz. Por humildad, y por no considerarse digno de morir como su maestro, pidió ser crucificado boca abajo. Su cuerpo fue enterrado en una humilde necrópolis cercana al circo.
Su tumba se convirtió en un lugar de peregrinación clandestina hasta que, en el siglo IV, el emperador Constantino legalizó el cristianismo y ordenó construir una monumental basílica sobre la humilde tumba del apóstol, nivelando la colina y destruyendo parte del antiguo cementerio para que el altar coincidiera exactamente con el lugar del entierro.
De esta época se conserva la Necrópolis Vaticana (bajo la basílica), donde se puede visitar la tumba original de San Pedro y ver el muro rojo con «grafitis» antiguos que rezan «Petros Eni» (Pedro está aquí). También se pueden ver el Obelisco de la Plaza, que fue el testigo mudo de su ejecución, y los restos de la antigua Basílica Constantiniana que aún se intuyen en las Grutas Vaticanas.
La Edad Media y el Renacimiento: el Siglo de Oro del Arte
Durante la Edad Media, el Vaticano fue consolidando su poder, aunque los Papas residían mayoritariamente en el Palacio de Letrán. Fue tras el convulso periodo del «Cautiverio de Aviñón» cuando el Vaticano se convirtió en la residencia oficial definitiva. Sin embargo, el gran cambio llegó entre los siglos XV y XVI, cuando el papado decidió que la capital espiritual del mundo debía ser también el mayor faro cultural y artístico de la humanidad, transformando el enclave en un inmenso taller de genios.
Se tomó la decisión de derribar la antigua basílica de Constantino, que estaba en ruinas, para levantar la actual Basílica de San Pedro. En este proyecto trabajaron figuras de la talla de Bramante, Rafael y, por supuesto, Miguel Ángel, quien diseñó la imponente cúpula y la Capilla Sixtina. Fue una época de mecenazgo sin precedentes donde el arte se utilizó para glorificar lo divino, pero también para demostrar el inmenso poder político de los Estados Pontificios.
De esta época perduran la mayor parte de estructuras distintivas del Vaticano, la Basílica de San Pedro, la Cúpula, los Palacios Apostólicos y las joyas de los Museos Vaticanos como la Capilla Sixtina y las Estancias de Rafael. También se conservan los Muros Leoninos, que protegían el recinto de los ataques piratas en el siglo IX.
El Siglo XX: De la Cuestión Romana al Estado Soberano
El camino hacia la modernidad en el Vaticano fue tortuoso. Tras la unificación de Italia en 1870, las tropas del rey Víctor Manuel II entraron en Roma, poniendo fin a más de mil años de poder territorial de los Papas sobre los Estados Pontificios. El Papa Pío IX se negó a reconocer al nuevo Reino de Italia y se declaró «prisionero en el Vaticano», negándose a salir del recinto. Este conflicto diplomático, conocido como la Cuestión Romana, mantuvo al Vaticano en un aislamiento político que duró casi seis décadas.
La solución llegó finalmente el 11 de febrero de 1929 con la firma de los Pactos de Letrán. Estos acuerdos, firmados entre la Santa Sede y el gobierno de Mussolini, crearon oficialmente el Estado de la Ciudad del Vaticano. Se reconoció la plena soberanía e independencia de este pequeño territorio de apenas 44 hectáreas, convirtiéndolo en el país más pequeño del mundo. A cambio, la Iglesia reconoció finalmente a Roma como la capital de Italia, cerrando así una herida histórica y permitiendo que el Vaticano funcionara como un estado moderno con su propia moneda (el Euro en la actualidad), correos y ejército.
Como testigos de esta época se observan la configuración actual de la Vía della Conciliazione (la gran avenida que lleva a la plaza), la Estación de Tren del Vaticano y la antena de la Radio Vaticana. También es herencia de este siglo la organización de la Guardia Suiza tal y como la vemos hoy y el Palacio del Gobernador, el centro administrativo del microestado.
El Vaticano en la actualidad: un puente entre dos mundos
Hoy en día, el Vaticano es un lugar de contrastes que no deja de sorprender. Es el único país del mundo declarado en su totalidad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, funcionando como un museo vivo que ha sabido abrir sus tesoros al turismo masivo sin perder su esencia espiritual.
Es fascinante ver cómo conviven las tradiciones más antiguas, como los Guardias Suizos con sus uniformes de diseño renacentista y sus alabardas, con una de las diplomacias más influyentes y avanzadas del planeta.
En pleno siglo XXI, el pequeño estado se ha modernizado tecnológicamente, lanzando apps para los peregrinos, digitalizando sus archivos secretos (algunos sólo) y utilizando redes sociales para conectar con millones de personas.
Sin embargo, lo más mágico sigue siendo su atmósfera siendo un recinto que puedes cruzar caminando en apenas veinte minutos, pero donde cada paso te recuerda que estás en el centro de un engranaje que mueve la fe y la política a nivel global. El Vaticano ha pasado de ser un territorio en conflicto a consolidarse como un mediador internacional clave en la paz mundial.
Ciudad del Vaticano es una mezcla única de fe, historia y arte desde la inmensidad de la Plaza de San Pedro, el silencio sobrecogedor de la Capilla Sixtina, hasta los rincones escondidos de sus jardines y la profundidad de su necrópolis, cada metro cuadrado ofrece un relato. Sus rituales, como el Ángelus de los domingos, el cambio de guardia o el humo blanco de una fumata, siguen transmitiendo al mundo una tradición que parece detener el tiempo.
Recorrer el Vaticano es ver cómo dialogan lo sagrado y lo artístico cómo los frescos centenarios de Miguel Ángel conviven con sistemas de seguridad de última generación y una administración que gestiona el destino de millones de fieles. Es un enclave que invita al viajero a conocerlo con el respeto que impone su silencio y, sobre todo, con la capacidad de asombro ante un patrimonio que pertenece a toda la humanidad.




